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Opinión

Encrucijada

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Por: Martha Chapa

No caeré en el esteroetipo de que todo pasado fue mejor, pues el presente por igual nos ofrece condiciones tanto positivas como negativas

Bajo esa premisa, me aventuro en el mundo de los jóvenes de hoy y las tendencias, característica, problemas, oportunidades y retos que se les presentan en general, según diversos estudios y estadísticas.

Entrevero entonces algunas de las ventajas y desventajas que parecen imponerse en  nuestros días.

Si bien gozan ahora, por ejemplo, de una mayor libertad en todos los ámbitos: el hogar, la escuela o la política, no siempre la ejercen con toda responsabilidad y respeto hacia los demás. Y que, según la opinión de muchos, se debe lo mismo a que desapareció la materia de civismo en la educación primaria o por la actitud tan permisiva de los padres e influencias nocivas de los medios de comunicación.

También, la violencia que impera en nuestros tiempos, es otra de las realidades que permean en el cuerpo social e involucran a miles de jóvenes, ya sea porque carecen de opciones e incursionan en el narcomenudeo y el pistolerismo o por los contenidos que inundan los medios de comunicación y tanto predisponen o alientan hacia tales conductas.

Asimismo, aun cuando la información se ha democratizado con las nuevas tecnologías comunicativas, a momentos han mermado las capacidades de investigación, lectura, o el ejercicio de la comprensión e incluso el método deductivo e inductivo y el desarrollo de la memoria, entre segmentos significativos de la población joven. Por igual, el consumismo que se ha convertido en un antivalor social enajenando a tal grado a los adolescentes, que quien de no portar una vestimenta de marca que la moda exige, se ve degradado o discriminado por su incapacidad de acceder a estos bienes.

Una más de las tendencias, es que si bien muchos de nuestros jóvenes aspiran a tener un físico que le estética imperante aconseja, hay por otra parte millones de niños y adolescentes que por una deficiente educación alimentaria y el sedentarismo que les ancla por horas a una computadora, al celular, la tablet o la televisión misma, forman ya todo un ejército de obesos y diabéticos.

Y no puede faltar el capítulo del alcoholismo y las drogas que como se nos muestra en estadísticas recientes, el consumo empieza a edades más tempranas, incluidas  ahora niñas y mujeres que suelen ingerir bebidas alcohólicas al igual que los hombres.

Y no dejo de entrever entonces en esta sucinta panorámica social, con tristeza y preocupación, una especie de deshumanización y pérdida de valores dentro y fuera del hogar.

Sin embargo, me alientan hechos o sucesos que a la vez se han registrado. Consignó, por ejemplo, la tan positiva movilización, solidaria y auxiliadora, en los sismos del pasado 19 de septiembre de 2017, donde los protagonistas principales justamente fueron nuestros jóvenes.

Y qué decir de los miles que egresan de nuestras universidades y tecnológicos, sean públicos o privados, con un arsenal de conocimientos que se reflejan benignamente en la sociedad actual, a pesar de que todavía no les damos con suficiencia las oportunidades de estudio y trabajo.

Y así, la presencia y acción de muchos que se traduce en confianza, optimismo y esperanza en el futuro, lo cual no debe llevarnos al conformismo ni a soslayar los problemas y retos que tenemos.

Por ello, es vital e indispensable apuntalar la educación, la cultura, el civismo e infundir los más elevados valores humanos de manera permanente en cada niño, en cada adolescente.

A fin de cuentas, un deber, una misión y un compromiso de todos para encauzar a la niñez y a la juventud, máxime si se tiene o se ha recibido más del propio círculo familiar y social, ante tanta marginación e ignorancia.