Opinión

Energía y seguridad, más allá de los cien días

RAZONES

Por  Jorge Fernández Menéndez

AMLO(Reforma)

AMLO | Reforma

Este 18 de marzo, día de la expropiación petrolera, será el marco elegido por el presidente López Obrador para definir su política energética. Si va en la ruta previsible, impondrá lo que algunos califican como un rescate de esa industria y para otros, me incluyo, un retroceso que puede llevarnos a graves problemas, similares a los de los principios de los 80 en el sector.

La decisión es ideológica, es la economía manejada desde Palacio Nacional y se basa en la idea de que México debe ser autosuficiente en energía, no a partir de empresarios invirtiendo y produciendo en un mercado global, sino de lo que generen las empresas estatales, en todo caso la actividad privada deberá estar subordinada a esta.

En el equipo gubernamental no todos piensan así: muchos, asumiendo que se han cometido excesos en la apertura del sector, saben que la ruta que se seguía es la mejor, abrir el sector, licitar áreas, establecer asociaciones, construir gasoductos que en los hechos aprovechen lo que es una realidad: un mercado común energético que incluye todo América del Norte (cuyas bases incluso están plasmadas en el texto del nuevo TLCAN).

Pero esa no es la visión del gabinete energético y del propio presidente. La secretaria Rocío Nahle quiere un sector cerrado y defiende la construcción de Dos Bocas, una inversión inútil para una obra que será un barril sin fondo y que no terminará, siquiera, inaugurando López Obrador, mucho menos comenzará a operar durante su mandato. Lo más grave no es eso, es la decisión de concentrar en CFE y PEMEX, acabando incluso con sus gobiernos corporativos, toda la producción energética. Ni vamos a tener el petrolero suficiente, ni vamos a explorar y extraer más, ni vamos a poder dejar de comprar gasolina y otros productos del exterior, ni mucho menos vamos a poder generar la energía eléctrica que el país requiere.

Si se atiende con atención la reforma energética aprobada en el pasado, el mayor cambio está en el gas, no en petróleo. En la explotación de las enormes reservas de gas que tenemos sobre todo en la frontera norte. Para muchas de esas explotaciones, como se hace en todo el mundo, se debe utilizar el fracking que este gobierno anunció que no utilizará. De esa forma, paradójicamente, estaremos cada vez más lejos de poder ser autosuficientes, muchas plantas tendrán que seguir funcionando con carbón, contaminando mucho más, y seguiremos comprando gas que proviene de Texas, a unos kilómetros de nuestra frontera, que se extrae utilizando fracking.

En última instancia la gran falla de la política energética que se confirmaría hoy es que no se asume que nuestra economía, y sobre todo el sector energético, se inscriben en una economía global y regional, donde la integración en esos ámbitos con Estados Unidos es ya demasiado profunda.

¿Hay posibilidades de ratificar?. Por supuesto, en el propio equipo gubernamental hay funcionarios que entienden muy bien esta realidad y que, sin abandonar las principales líneas del lopezobradorismo, pueden implementar políticas mucho más eficientes y racionales. En Hacienda, en la oficina de la presidencia, en todos quienes llevan la relación con los empresarios (la de verdad), se sabe que la ruta que se intenta imponer no es la correcta y es allí donde existen uno de los debates más intensos dentro de la propia administración. El tema es ahora llevar ese debate al propio Presidente de la República.

En la seguridad, por el contrario, no hay tantos debates, pero estamos en una situación de crisis inocultable. Lo sucedido en Veracruz puede ser causa, como dice el gobernador Cuitláhuac García, de los golpes que ha recibido el crimen organizado, que no es muy diferente de lo que dijeron en su momento Javier Duarte o Miguel Ángel Yunes. En realidad pareciera de que no existe control sobre estos grupos, que se terminaron de romper los equilibrios internos y qué hay organizaciones como el Cártel Jalisco Nueva Generación que quieren acabar con los reductos que les quedan a los sucesores de los Zetas, divididos en varias organizaciones. Y pareciera que, como ocurre en Guanajuato, el gobierno estatal está esperando que la Guardia Nacional se instale en el estado para solucionarle los problemas, lo que será insuficiente si las fuerzas estatales y municipales no asumen también su papel. Algo similar sucede en Guanajuato, incluso con actores criminales muy similares. Y el escenario se amplía a otros estados. Ahí está el asesinato del periodista Santiago Barrosos en San Luis Río Colorado para demostrarlo.

Son los dos grandes capítulos, sin ignorar otros, que se deben afrontar pasados los cien días. En uno la brújula está perdida, hay que desecharla y cambiar el rumbo. En el otro está bien orientada pero no alcanzará si no existe un compromiso mucho más amplio con un objetivo común.

La división zapatista

La ruptura entre el FLN y el EZLN no es un tema marginal. Tendrá repercusión en muchos ámbitos y en todo el sur del país. Lo veremos por ejemplo, a la hora de construir el tren maya o en los programas de forestación. Es parte también de una estrategia que se sigue ante los grupos muy radicales: buscar que se definan, están con López Obrador o con sus dirigencias tradicionales.