Opinión

Engañando al cerebro

Per saecula saeculorum

Por: Beatriz Acevedo Tachna

Estuve leyendo el otro día que, según la ciencia, el cerebro es un "músculo" muy fácil de engañar, es casi tonto, leí, ya que si decidimos sonreír, cree que estamos contentos y, por ende, nos hace sentir mucho mejor. Suena muy parecido al pensamiento positivo que tenemos muchas personas, de que la felicidad en la vida es una decisión, ya sea que estemos colmados de tragedias o de bendiciones, siempre tenemos la capacidad de elegir si queremos sobrellevarlas con buen ánimo, con sonrisas, engañando al cerebro, "agarrando al toro por los cuernos" o por el lado negativo, sufriendo, entristeciéndonos eternamente o decayendo. En líneas más sofisticadas de una universidad, cuyos artículos me encantan, decía: "No hay duda de que el ser humano vive cada vez más. ¿Cómo hacer para que esta longevidad no sea una acumulación de dolencias y enfermedades, sino una etapa vital, plena de experiencias y desarrollo personal?" El artículo hacía referencia a un libro cuyo nombre es 50 y tantos en el que las ideas centrales se basan en investigaciones que demuestran que alrededor de los 50 años se encuentra el punto de inflexión biológica que define en qué forma envejeceremos, si sonriendo o frunciendo el ceño, por ende, ¿de qué manera escogemos engañar al cerebro? De forma que se convierta en un aliado o en un enemigo. Un profesor de la universidad que les hablo explica que el pensamiento es un evento energético que transcurre en una realidad intangible pero que rápidamente se transforma en emoción (del griego emotion, movimiento), un movimiento de neuroquímica y hormonas que cuando es negativo hace colapsar a nuestro organismo físico en forma de malestar, enfermedades e incluso de la muerte. Con los años, el profesor y autor de dicho libro ha logrado desarrollar un alfabeto emocional que la verdad nos conviene memorizar. Habla primeramente de las conductas con la "R": Rabia, reproche, rencor, rechazo, resistencia, represión. Todas estas palabras, sentimientos y emociones, son generadoras de coRtisol, una potente hormona del estrés, cuya presencia prolongada en sangre es letal para las células arteriales, ya que aumenta el riesgo de adquirir enfermedades cardio-cerebro-vasculares. Las conductas R generan actitudes D: Depresión, desánimo, desesperación, desolación. En cambio, las conductas con S: Serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, sociabilidad, sedación son motorizadoras de serotonina, una hormona generadora de tranquilidad que mejora la calidad de vida, aleja la enfermedad y retarda la velocidad del envejecimiento celular. Las conductas S generan actitudes A: ánimo, aprecio, amor, amistad, acercamiento. Así que lo repugnante sangre pesada no es nada más que un exceso de cortisol y una falta de serotonina en la sangre. Algunas reflexiones más que hizo el autor era: "Presta atención a tus pensamientos pues se harán palabras, presta atención a tus palabras pues se harán actitudes, presta atención a tus actitudes porque se harán conductas, presta atención a tus conductas porque se harán carácter, presta atención a tu carácter porque se hará biología. Y qué miedo que de la biología siga alterar la genética y que todos nuestros descendientes salgan con el mismo alfabeto mal llevado, así que pongámonos a practicar la A y la S y, sobre todo, dejar de quejarnos de la vida, recordar y practicar la célebre frase que dice: "Si tiene remedio, ¿de qué te quejas? Y si no tiene remedio, ¿para qué te quejas?" Bien podría servirnos para aprender a dejar de refunfuñar porque las cosas no salgan como queramos y dejar los pensamientos negativos a un lado para concentrarnos en buscar en cada situación el aspecto positivo ya que hasta el peor de nuestros días tiene un tinte de bondad por el simple hecho de que amaneció o anocheció. De esa forma nos inundaría la serotonina con todas sus eses, la sonrisa se nos grabaría en las mejillas y todo ello nos ayudaría a vivir mucho mejor ese montón de años que la ciencia nos ha agregado. Porque, olvidaba escribirlo, el doctor Hitzig, de quien les hablo, ha comprobado con sus investigaciones que quienes envejecen bien son las personas activas, sociables y sonrientes, no las rezongonas, malhumoradas y amargadas que nadie quiere tener cerca. Empecemos hoy practicando las eses frente al espejo para mejorar nuestro humor y cuidar nuestra salud. Suena lógico, ¿verdad? Finalmente, todo es cuestión de actitud. ///

Twitter@BeAcevedoTachna