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Enlace nupcial Almada-Ibarra

CÍRCULOS

Hola, qué tal. Nos da gusto saludarlos nuevamente.

La boda de Anagaby Almada Martínez y David Ibarra Salgado. Fue tan bella que rebasó las expectativas que habíamos imaginado. La Parroquia de San Fernando, que data de 1520, la época de la Conquista, fue un marco perfecto para una ceremonia inolvidable. El altar barroco, una obra de arte. Todo brillando por la hoja de oro que cubre la filigrana esculpida en piedra. El sacerdote Francisco Javier Anzoategui Peiro, que llegó desde Boston para impartir la bendición nupcial, recibió a los novios en la puerta y entró al frente rodeado por dos niños, Emigdio Martínez y José Francisco Fernández, ellos con pantalón negro, camisa blanca, corbatita de moño, tirantes y tenis negros tipo botita marca Converse. Y en ese momento una orquesta de cámara y una soprano iniciaron las primeras notas de la Marcha Nupcial de Mendelson que invadieron el recinto como una nube, entraron Claudia Piña de Ibarra del brazo de David Ibarra, Melissa Almada y varios pasos atrás hicieron su entrada Héctor Almada y la bella novia, que parecía una princesa con su vestido muy español de cola larga y en su pelo rubio, el velo colocado en la parte de atrás, los aretes de brillantes, que ese día se los regalara su papá. Caminaron al altar y Héctor le entregó su primogénita a David, que se veía muy guapo enfundado en su esmoquin.

El sacerdote Francisco Javier "Pakiko". Muy sencillo en sus oraciones y en los consejos que les dio sobre sus padres que están a un lado del Señor. A Anagaby le dijo: "Yo no conocí a tu mamá, pero sé que ella construyó y atendía un kínder para niños de escasos recursos y que cuando ingresaba al hospital se llevaba su guitarra para después ir a otros cuartos y cantarles a los pacientes para alegrarles el día, pero estoy seguro que todos aquí sentimos la presencia de Gaby, Antonio y María Irene y que ellos desde el cielo les envían su amor y sus bendiciones". Fue una ceremonia corta. Siempre en todo momento acompañada de la música sacra. Anagaby le llevó el ramo a la Virgen con el fondo musical del Ave María interpretado maravillosamente por la soprano. El Padre dijo entonces: "Ahora ya son esposos, por lo tanto David, puedes darle un beso a Anagaby". ¡Y por supuesto que se dieron un largo y apasionado beso en medio de los aplausos de los invitados que llenaban el templo! Salieron así, en medio del cariño y hasta ¡bravos!, de los de Culiacán, y ellos saludando como si fueran los príncipes de la fiesta ¡y lo eran!

Como a 100 metros esta el Ex Convento de San Hipólito. A un lado del Paseo de la Reforma. Es de una arquitectura churrigueresca impactante, hasta ahí llegamos todos caminando y en tranvías. Al entrar a lo que era el patio central nos quedamos con la respiración casi cortada, al centro una fuente enorme de seis metros de diámetro, en donde flotaban gardenia y todo alrededor lleno de rosas blancas, casi nada de luz, pero rayos láser salían del techo, de los lados de abajo hacia arriba y al fondo pantallas con videos bellísimos. Para esto, a la entrada había custodios vestidos de negro observando todo, y tres señoritas con computadoras checando el nombre de cada invitado y como doce jóvenes vestidos de negro con corbata negra que eran edecanes, que sabían a qué sitio llevarte y con tu nombre colocado sobre la mesa. Los que seríamos testigos, entre ellos mi familia y yo, nos llevaban al segundo piso también lleno de arcos preciosos, ahí fue la ceremonia civil.

Gracias por su atención. Nos vemos en la próxima columna.

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