Opinión

Enorme científico

Por: Marco Antonio Berrelleza

José Antonio Alzate Ramírez, uno de los más importantes científicos mexicanos, murió en la Ciudad de México el 2 de febrero de 1799. 

Nacido en Ozumba, estado de México, en 1737, se graduó de bachiller en teología en el Colegio de San Ildefonso. Hacía 1756 se ordenó de presbítero. Desde muy joven se dedicó por entero a las ciencias, destacando en física, matemáticas y en las ciencias naturales, no solo en el terreno de la teoría, sino en el de la aplicación práctica de esas ramas en la industria y la agricultura. Logró montar una de las bibliotecas más importantes de su época, reunió colecciones de historia natural y objetos arqueológicos y montó uno de los gabinetes más modernos para observaciones físicas y astronómicas. Con objeto científico visitó campos agrícolas y zonas arqueológicas, incluso realizó, con los mismos fines, una ascensión al Iztaccihuatl. 

Por supuesto, como siempre sucede con los investigadores verdaderos, fueron muchos los que no veían con agrado sus logros. Para dar a conocer sus investigaciones y polemizar con sus adversarios, publicó varios diarios y revistas. Miembro de la Academia de Ciencias de París, sin embargo el mayor homenaje a su memoria fue la fundación en 1884 de la Sociedad Científica Antonio Alzate, convertida en 1935 en la Academia Nacional de Ciencias de México.