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Opinión

Enseñar a ser felices

UN CAMINO AL CRECIMIENTO
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Por: Norma Campos

Nadie nos escapamos. Si nos preguntan qué queremos para nuestros hijos, la mayoría contestaremos "que sean felices". La felicidad es un asunto que atrae la atención de todos, porque de muchas maneras, todos la buscamos. Pero para quienes hemos vivido ya varias etapas de la vida, entre ellas la niñez, la adolescencia, la juventud, la adultez. Para quienes tenemos hijos, para quienes hemos disfrutado de un trabajo y hemos tenido éxitos y fracasos, pérdidas y ganancias, ya podemos decir con cierta seguridad que la felicidad no se encuentra, es decir, no podemos ir a buscarla; porque la felicidad se construye. Una de las sugerencias que siempre se hace a los padres de familia en relación con sus hijos y lo que ellos esperan con su educación, es que la mejor forma de garantizar ser buenos padres es siendo padres felices. Es decir, si cada uno, mamá y papá, construye de manera individual su propia felicidad, para luego compartirla y repartirla, podrá saber con seguridad que está haciendo un trabajo valioso como padre. Porque ser hijo de unos padres felices significa sentirse amado, sentirse seguro y, también, contar con el permiso de ser feliz. Pero en ocasiones pareciera que no hay motivos para sentirse feliz. Es verdad. En ocasiones, la vida nos presenta situaciones que no son fáciles para aceptar, o bien, que no resulta fácil abrazarlas. No es fácil sentirse felices ante noticias de enfermedad, de muerte, de pérdidas. El dolor no se lleva con la felicidad. Sin embargo, lo que es digno de reflexionar es que, construir la felicidad consiste también en considerar cómo elegimos vivir esas situaciones dolorosas. Alguna vez escuché o leí que nosotros somos responsables de nuestro sufrimiento. Se oye raro, ¿verdad? Pero el asunto es éste, ante una situación que nos provoca dolor podemos elegir si nos quedamos ahí, sufriendo. El dolor se siente mientras se transita durante un momento o se vive una situación penosa, pero el sufrimiento es como instalar una tienda de campaña y quedarnos ahí, sintiendo el dolor y la instalación de la tienda de campaña, es una elección personal. Si algo tenemos seguro en la vida son los momentos dolorosos. Nadie nos escapamos a las pérdidas, a las enfermedades, a los cambios involuntarios. Todos estamos expuestos y no tenemos asegurado el bienestar. Asimismo, como adultos, nadie es responsable de nuestra felicidad, de nuestro bienestar; eso lo construimos cada uno. Desde esta perspectiva, enseñar a los hijos desde pequeños a hacer reencuadres de las situaciones que viven, resulta ser una enseñanza muy valiosa para que sepan ir construyendo esa famosa felicidad que todos los padres deseamos para nuestros hijos. Reencuadrar las situaciones es un recurso muy valioso para cambiar nuestros estados de ánimo, para ver las situaciones desde perspectivas más optimistas, para ver en cada situación esos espacios que se esconden ante lo que resulta más evidente, doloroso o molesto. Por ejemplo, cuando suceden situaciones con los niños pequeños, particularmente en la escuela, en que ellos llegan a casa manifestando una emoción dolorosa por algo que sucedió, además de mostrar la empatía por la emoción que el niño manifieste, es bueno que posteriormente se le invite a ver qué de bueno puede traer la situación que está viviendo, o qué le enseña, o qué descubre de sí mismo. De esta manera, el niño se acostumbra no sólo a ser optimista y recibir el paquete completo, sino también a buscar en cada experiencia un aspecto que le deje un aprendizaje, o un conocimiento. Esto no significa minimizar lo que sucede, pero sí voltear a ver desde otra posición la experiencia. Así se construye también la felicidad. No es fácil hacer que nuestros hijos sean felices. Ellos lo serán en la medida en que hayan aprendido a construirse esa felicidad, y para ello, deberán recibir de nosotros, sus padres, todos los recursos posibles que lo favorezcan.

Pero de inicio, la pregunta obligada, ¿qué tan feliz me siento yo?

Norma Campos E. 6 de agosto de 2011