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Entre globos y papel crepé

A DOS DE TRES

"Treeeintaa de abril es el Día del Niño yyy voooy a compraaar su regalo aaa Faaarjí".

Esa cancioncita ("jingle" dijeran los publicistas) marcaba extraoficialmente la víspera del Día del Niño de los predigitales. En cuanto escuchaba en la radio el anuncio, comenzaba el cabildeo con los padres para tratar de conseguir el ajuar anhelado, pues el Día del Niño lo que usualmente le regalaban a uno era ropa o calzado para ir al festejo escolar derramando guapura por doquier. El remate azul de Farjí, como se llamaba la tienda, desapareció desde hace ¡uuuh! mucho, pero su anuncio cantado para el Día del Niño se quedó en varios de nosotros y viene a la memoria porque, si el cálculo no falla, al momento en que estas líneas salgan a la luz se estará celebrando en México el Día del Niño, establecido en 1924 por el presidente Álvaro Obregón en base a la Declaración de Ginebra, la cual reconocía, por vez primera, derechos para los niños.

A los predigitales nos tocaron festejos del Día del Niño muy sencillos. El salón de clases se decoraba con cadenitas de papel crepé y globos adheridos a la pared gracias a la estática (quedábamos greñudos luego de pasarnos los globos por el cabello). El menú festivo consistía en sopa fría, frijoles puercos, cochinita pibil o algún guiso similar, de postre pastel y gelatina o ensalada de frutas. Desde la víspera, las maestras convocaban un voluntario que pudiera llevar el tocadiscos y, de paso, buscaban acomedidos que hicieran lo propio con los discos (y por discos me refiero a los vinilos, los discos compactos aún estaban en la mente de sus creadores Kees Immink y Toshitada Doi). Al final la selección musical era una mezcolanza entre Los Panchos, Los Beatles y Sones con mariachi. Si no se conseguía tocadiscos, el grupo quedaba condenado a escuchar el aparato de sonido del plantel, que se oía como bocina de aeropuerto, lo mismo podían decirle que se tocaba el rock de la cárcel que la Marcha de Zacatecas, no había manera de distinguir una de otra. Y por esos misterios de la acústica, así es hasta la fecha.

México ocupa el primer lugar en difusión de pornografía infantil y el segundo en la producción de esos materiales, se estima son 85 mil los niños de cero a 14 años explotados para ello (sí, leyó bien, niños menores al año de edad, bebés). A nivel mundial se calcula hay dos millones de niños atrapados en redes de prostitución infantil, que generan anualmente 30 mil millones de dólares (sólo superados por el tráfico de drogas y el de armas), según datos obtenidos del Foro para el Combate a la Pornografía de Niñas, Niños y Adolescentes que organizó el Senado de la República el año pasado con la participación de investigadores internacionales en el delito de trata de personas, expertos en internet y en desarrollo de tecnologías. Hoy que sabe uno eso, sólo queda agradecer a la familia, a los maestros, a los amigos, a la vida, a Dios, o a lo que quiera el haber tenido una infancia que las únicas marcas que dejó son un cúmulo de buenos recuerdos.

Muchas gracias por leer estas líneas y con ello hacer que esto valga la pena.

Por favor, comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones en [email protected] En Twitter en @MarisaPineda.

Anímese a leer un libro, y mientras que tenga una semana de festejos a su niño interior.