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Entre manifestantes y policías, periodistas aportan a las víctimas

ELENCO POLÍTICO

Apenas en días pasados, nos recordaban ayer, escribimos que "en tanto Estados Unidos pone a los viciosos como clientes del narcotráfico, México pone los muertos o los encarcelados. Lamentablemente en este tenebroso asunto, en el gremio periodístico existe otro dramático símil: mientras la prensa del Distrito Federal pone los 'héroes de nailon', el periodismo escrito o electrónico pone a los humillados y discriminados reporteros". Hasta golpeados, agregaremos ahora, en referencia a los hechos del domingo pasado y a las agresiones sufridas por compañeros periodistas a manos de 'representantes de la ley', al parecer "policías ministeriales".

Casualidades. Por coincidencia en lo ocurrido en Mazatlán, donde reporteros gráficos fueron obligados a borrar las imágenes –mientras a representantes del poderoso y enajenante monopolio televisivo le montaron una cobertura especial, los marinos le armaron un dispositivo de seguridad más amplio que cómo custodiaron a "El Chapo" Guzmán" para el 'narcotour' que le fabricaron y las versiones que les dictaron — y a tratar de retirarlos del lugar, como en el ataque durante las marchas de Culiacán y Guamúchil, fueron compañeros de Noroeste los agredidos. Una coincidencia sospechosa que se produjo cuando apenas la Comisión Nacional de los Derechos Humanos intervenía en el asunto ocurrido en el bullanguero puerto sinaloense y después de que la autoridad no pudo controlar las manifestaciones a favor de Joaquín Guzmán Loera, que el domingo secundó a la del miércoles, con la única diferencia de que en la última hubo balazos de la policía y agresiones a los golpeados compañeros de Noroeste de Culiacán y Guamúchil.

Riesgos. El asunto se escapó de las manos de la autoridad que durante cerca de 12 horas lidió con los manifestantes que, prácticamente, se llevaron jugando al gato con el ratón en los espacios cercanos a las concentraciones. Lo terrorífico fue la aparición de armas y la capacidad de convocatoria –a base de billetes y otros suministros— de quienes organizaron las manifestaciones y diseñaron la logística aplicada. Eso es lo que nos debe de preocupar, porque en esos desfiles y agrupamientos hay niños y mujeres, curiosos que acuden más por "morbo" y "necesitados" que asisten por la paga que se ofrece, amén de quienes sean proclives al recapturado prófugo o a la ilícita actividad que representa. El otro asunto que debe ponernos en alerta es, ¿de dónde salen las armas? ¿A qué se debe esa capacidad de fuego y potencia de los proyectiles del narcotráfico? Es obvio, vienen del vecino país, cuya economía se mueve alrededor de la industria del armamentismo. El problema, entonces, radica en la inoperancia del gobierno para evitar el tráfico de armas al país, así como tampoco los norteamericanos combaten a quienes venden la droga en las calles de sus principales ciudades.

También aquí. Así como cuidaron a los de Televisa y a los reporteros de otros medios que después vinieron al 'chapotour', la federación debería venir a proteger a nuestros reporteros para que no los agredan los de casa… 'Narcotour'. Según leímos, la especialista en estos temas, Sanjuana Martínez, armó su particular 'narcotour' en Culiacán. Una brillante narración que describe hasta el derroche de riqueza y ostentación en el panteón de Jardines del Humaya, recorren las residencias de los principales narcos, la zona donde contratan la música y hasta donde están sus cenotafios.