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Epistemología y política

Podrá preguntarse el lector qué relación tienen entre sí los dos términos del título de esta colaboración. Pues sí tienen que ver. ¿Cómo explicar que cada vez más gobiernos supuestamente de "izquierda" apoyen la represión de otros gobiernos contra el pueblo? ¿Cómo justificar que un gobierno arrase con las libertades fundamentales de expresión, asociación, y manifestación pública, entre otras?

Cuando un grupo o un dirigente y su entorno se hace del poder en nombre de conceptos abstractos como pueblo, clase, etnia, cultura o nación, y otorga a esos conceptos prioridad sobre lo que piensan los individuos concretos en la sociedad, se cimenta el principio de la dictadura y, eventualmente, del totalitarismo. No importa de qué se revista, sea socialismo, nazi-fascismo, comunismo o neoliberalismo la prelación en el uso del poder deja de ser la comprensión y servicio del bienestar conjunto y concreto de la gente para convertirse en monopolio de una oligarquía. Lo primero que esta suele hacer es arrebatarle a los ciudadanos el derecho y los medios para echar a sus gobernantes y reemplazarlos por otros.

Esos conceptos abstractos que se implantan en el discurso del poder político suelen ser invocaciones a "realidades" colectivas. Pinochet se apoyó en el mercado, Stalin en el "proletariado", Hitler en la "raza-nación", Mussolini en el "pueblo", el viejo autoritarismo mexicano en la "revolución". Lo que tienen en común estos ejemplos es que a partir de esos conceptos básicos se impone una razón que define lo que la gente es y debe hacer. Se intercambia la libertad de los seres humanos para pensar y autodefinirse por una razón de Estado fuera de su alcance.

Con frecuencia, esta razón adquiere la fisonomía de una explicación "científica". Por ejemplo, el "socialismo científico" que acuñaron Marx y Engels y que adquirió una formulación dogmática con la doctrina leninista, la que lo elevó al nivel de creencia cuasireligiosa, confundiendo el carácter de la ciencia natural con el de la ciencia social. La diferencia entre ambas, como bien se sabe no consiste en la naturaleza del conocimiento, sino en la relación con el objeto que se estudia. A diferencia de las naturales, las ciencias sociales estudian el comportamiento de los seres humanos en sociedad en sus distintas dimensiones, y estos "objetos" de conocimiento tienen en común con el científico el formar parte de la sociedad que estudia. Por consiguiente, el científico no puede postular una explicación, una razón, por encima de los seres humanos a la que se refiere. Puede, en todo caso y en el mejor de los casos, comunicar sus hallazgos para que la sociedad se sirva de ellos, por ejemplo, en forma de política pública sometida siempre a los mecanismos y formas de decisión individual, social y política. Lenin eligió el camino opuesto y marcó, así, el destino del tristemente célebre "socialismo realmente existente".

De ahí entonces que en la vida política, donde se toman las decisiones que definen el decurso de la sociedad, no pueden tener cabida las verdades absolutas e incontrovertibles. Todos y cada uno de los postulados propuestos para gobernar la vida en sociedad están y deben estar sujetos a la deliberación científica y política. Por tanto, deben ser públicos, instruidos, comunicados apropiadamente, debatidos y decididos democráticamente. La pretensión de un conocimiento dogmática es un contrasentido, pero se ha impuesto muchas veces por la fuerza, como ocurre cuando la intolerancia se impone, sea invocando la redención de los desamparados o el desbarajuste de sistemas desbordados. Siempre hay que desconfiar de quienes pregonan desde el estatuto de la verdad un orden impuesto externamente a sus destinatarios.