Opinión

Evolucionar o desaparecer, esa es la cuestión

DE VUELTA A LA NATURALEZA

Por  Ernesto Zazueta Zazueta

“Nada es para siempre” es una frase que todos hemos utilizado para prevenirnos, autoconsolarnos o para tratar de animar a alguien, pero no es un consuelo, es una simple y dura verdad. Y efectivamente, ni nosotros ni nuestra especie es para siempre, pero ¿ya es hora de extinguirnos?

El pasado jueves celebramos el día 21 del año 21 del siglo 21, y estoy seguro que varias y varios, como yo, pensaron: ¡llegamos! Y sí, llegamos y quizá nuestros nietos o bisnietos llegarán incluso al próximo siglo, pero en qué condiciones. 

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Hace años la hambruna, la peste y las guerras amenazaban a la humanidad; hoy nos amenaza el cambio climático, la desaparición de ecosistemas completos y, por supuesto, las pandemias.

Y resulta lógico pensar que la tecnología y el desarrollo nos ayudarán a sobrepasar las amenazas del presente como sucedió con las del pasado, el problema es que hemos cometido un autoboicot o un autoataque. Los grandes avances alcanzados no han sido empleados para el aprovechamiento sustentable de nuestro planeta ni para abatir las amenazas, sino para construir aún más amagos. 

Muy bien lo describe Noah Harari en su bestseller Homo deus: “a principios del siglo XXI, el humano medio tiene más probabilidades de morir de un atracón en un McDonald´s que a consecuencia de una sequía, el ébola o un ataque de Al-Qaeda”.

Y es que ni la biotecnología ni la robótica ni la gran tecnología de la información la hemos empleado para generar un mundo más saludable y próspero para los humanos y para el resto de las especies; el autodaño es tan claro como la pandemia que estamos viviendo, muestra de la pésima relación que tenemos con nuestros recursos naturales. 

Todo esto nos lleva a otro cuestionamiento: ¿será que si los humanos no evolucionamos como especie, siguiendo la teoría darwiniana, lo mejor sería simplemente desaparecer? 

Durante muchos años ha existido la controversia sobre si la desaparición de las especies es lo que permite dar paso a la evolución de nuevas formas de vida con mejor potencial genético. De tal suerte que la extinción sería lo natural y la supervivencia lo antinatural. 

Pero ¡ojo! Aquí el gran tema es que efectivamente la extinción de especies podría ser lo natural, siempre y cuando se dé precisamente de una forma natural, no cuando es provocada. Ejemplo: es natural que una especie tan compleja y maravillosa como el ajolote en algunos cientos de años terminara por desaparecer, pero no que lo haga por la ruin forma en que los humanos contaminamos los canales de Xochimilco.

Así bien, quizá hoy no es del todo natural que millones de personas estén muriendo en todo el mundo por un mortal virus que humanamente pudo contenerse, pero quizá es lo más natural porque tenemos que evolucionar genéticamente o terminar por desaparecer para dar paso a una forma de vida menos destructiva. 

Por donde queramos verlo, el reto aquí es la evolución; sí genética, pero aún más importante la evolución racional. Como los únicos animales con conciencia propia, estamos obligados a seguir nuestra naturaleza, pero racionalmente, para poder subsistir, pero no como seres patógenos y destructores de nuestra propia especie.

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