Opinión

Es ley

Por: Marcos Miranda Gil

Pasar del principio del placer al principio de la realidad puede durar unos años o toda una vida. Los niños y adolescentes de todas las épocas han cruzado por esa frontera con relativa facilidad salvo el famoso cinco a siete por ciento de siempre. En la sociedad hedonista actual hay más dificultades por la enorme cantidad de distractores más no hay motivos de preocupación o alarma porque por fortuna la inteligencia también es un don permanente.

La tendencia a imitar o copiar actitudes, patrones de conducta e incluso modos de vida patológicos o sanos es siempre parte de una etapa de la vida de cada uno de nosotros y su duración es corta. Nadie puede ser niño siempre, aunque lo desee. La vida es muy sabia y nos va acomodando en el lugar correspondiente para que aprendamos, a través de la experiencia, el cómo superar cada reto.

Con la difusión masiva de conocimientos se ha multiplicado la creencia de que saber más es sinónimo de vivir más o comprender mejor y se dejan de lado los indispensables procesos naturales propios del lento caminar del progreso. No hay atajos. Si se quiere crecer se debe pagar el precio. Querer vivir en el placer constante, propio de los tres a cinco años de edad, produce a la larga un dolor amargo y frustrante un poco más adelante. El principio de la realidad es para todos. Es ley.