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España, en profunda crisis

ESTRICTAMENTE PERSONAL

La abdicación del rey Juan Carlos llegó en el peor momento imaginado, y la prueba sobre la coyuntura escogida, tuvo su expresión en las calles pocas horas después del anuncio, cuando cientos de miles de españoles exigieron en más de 50 ciudades un referéndum sobre el modelo de Estado en el que quieren vivir o, para ahorrarse consultas populares, la instauración de la Tercera República. España vive momentos de definición, que no atraviesan por la idea romántica de los reyes y las reinas, los príncipes y las princesas, sino por la realidad de una abdicación que se produce cuando el modelo de Estado y el pacto social y político que unió a esa nación tras los 36 años de dictadura franquista, cuando los españoles de todas ideologías y posiciones decidieron no volver a una guerra como la que sufrieron en los 30's que causó más de 350 mil muertos, están rotos.

Juan Carlos asumió el trono de España a la muerte del generalísimo Francisco Franco en noviembre de 1975 y en medio del consenso a la aversión de la muerte para evitar que una vez más existieran dos Españas, la nación caminó hacia la democracia. En septiembre de 1976 el gobierno de Adolfo Suárez logró la aprobación de su proyecto de reforma política que pre

paró las primeras elecciones a las Cortes, y dos meses después, obtuvo el apoyo popular mediante un referéndum. En febrero de 1977 desaparecieron las restricciones para la legalización de los partidos políticos y poco después el Partido Comunista, fundamental en la lucha contra la dictadura, salió de la clandestinidad. Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri, La Pasionaria, íconos y líderes de esa larga lucha, regresaron del exilio en Moscú y a los 19 meses de la muerte de Franco, se realizaron las primeras elecciones desde la Guerra Civil.

Ese gran acuerdo social y político entre todos los grupos y las fuerzas, permitió que la transición española fuera ejemplar en el mundo. Ninguna duró tan poco tiempo en concretarse, y ninguna ha querido ser más imitada. Cuando el 23 de febrero de 1981 hubo un intento de golpe de Estado, con el aval silencioso del rey Juan Carlos, a cuyos mentores, que lo encabezaban, no los frenó y cortó la comunicación con el Palacio de la Moncloa, la sede del gobierno civil para impedir cualquier diálogo con Suárez –sólo la amenaza del presidente francés Valery Giscard D'Estaing que si no lo frenaba jamás entraría a la Comunidad Económica Europea, lo detuvo–, la decisión de transitar hacia la libertad era tan indómita que un millón de personas marcharon esa misma noche sobre el Paseo de la Castellana en defensa de la Constitución, y los periódicos, se jugaron la vida misma –literalmente hablando– por ese fin.

Este lunes, aquella cohesión nacional no existió. En los dos periódicos de referencia se vio la división. El País se pronunció por la monarquía a través de su cobertura y editoriales; El Mundo, sibilinamente, por la restauración de la República. El dilema ya no es la guerra civil. Eso es cosa del pasado. El nuevo paradigma que enfrenta hoy España es una nueva partición del Estado bajo el dilema de monarquía o República, y qué modelo de organización política se desea. En estos momentos donde hay crisis institucional, política, económica y social, una tercera parte del país que ya no quiere pertenecer a la España de los Borbones, lo que la tiene en el umbral de un nuevo quiebre constitucional.

En Cataluña, las autoridades mantienen la idea de realizar un referéndum el 9 de noviembre para decidir su futuro colectivo. De acuerdo con las encuestas, al menos el 55% de los catalanes quieren la autodeterminación de esa provincia que fue la única durante la dictadura franquista, que enfrentó con música, ideas, y beligerancia infranqueable, al generalísimo. Los catalanes no están solos en su ideal independentista. Entre los jóvenes vascos, el 28% quiere la independencia, y 34% no tiene una posición definida. Apenas el jueves pasado, el Parlamento Vasco aprobó una declaración sobre el derecho de autodeterminación. El Partido Nacionalista Vasco, que es conservador, pidió tras la abdicación de Juan Carlos, que el futuro rey aborde un nuevo modelo de Estado que "dé respuesta a las aspiraciones de las diferentes naciones que integran el Estado español". Las manifestaciones en las calles respaldan las posiciones políticas. Un 31.5% de los españoles respaldan los referéndums sobre la autodeterminación, y aunque el 55.1% las rechaza, la nación está enfrentada. Los referéndums de autodeterminación, no es menor recordarlo, no están previstos en la Constitución.

¿Qué llevó a Juan Carlos a abdicar en estos momentos? El 26% de la población económicamente activa está desempleada –sube a 50% entre los menores de 25 años–, y la pobreza es creciente –los padres están expulsando a sus hijos a otras naciones europeas para que sobrevivan como meseros o vendedores de comida rápida mientras mejora el horizonte español–. ¿Quería Juan Carlos que sobreviva la monarquía? ¿Qué sobreviva él a los escándalos sin pagar consecuencias legales? El problema es más de fondo. España está en una crisis institucional al romperse los acuerdos y consensos de los 70's. La salida de Juan Carlos es el crisol de las contradicciones que, en estos momentos, no se sabe con certidumbre cuál será el destino inmediato de una nación en riesgo de partición.

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