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Opinión

Esperanzas

Por: Marcos Miranda Gil

Ayer se abrió de nuevo el portón de la esperanza para miles de familias… el inicio de clases es a fin de cuentas, una renovación del crecimiento y desarrollo personal y colectivo porque gracias a la educación se construye poco a poco el cimiento de una nueva sociedad y de un mejor presente. Millones de sonrisas por doquier; algunos llantos de los más pequeños; prisas y carreras por todas partes… ya casi nadie se escapa del vértigo resultante de una fecha siempre bien guardada en la memoria de todos.

El regreso a clases es el testimonio vivo de una sociedad también viva, pujante y comprometida con la idea de que apostarle a la educación es garantizar una mejor convivencia y un mañana más claro y transparente. Volver a la escuela es reencontrarse con lo mejor de nosotros, es comprobar por enésima ocasión que no todo está perdido, es más, es confirmar que como dijo Rousseau el hombre, por naturaleza, es bueno y solo unos cuantos se equivocan pues al final, son los hombres y mujeres buenos quienes representan la mayoría e impulsan con firmeza el vagón de la construcción de un futuro prometedor y suficiente para todos.

Niños, jóvenes y adultos el día de ayer entonaron desde su particular trinchera un himno alegre y entusiasta de amor a la vida y sus bondades porque saborearon, sin pensarlo, el grato aroma de la civilización. No estamos donde deberíamos estar… pero para allá vamos.