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Esta es la historia de Lucas

A DOS DE TRES

Esta es una historia de amor incondicional. Esta es la historia de "Lucas".

"Lucas" llegó a casa siendo apenas un cachorro. Hijo de "Muñeca" y "Maximiliano", french poodles de pura cepa. Ajeno a su rancio linaje, o quizás como legado de él, jamás aprendió gracia alguna, ni siquiera a dar la pata en señal de saludo. Cuando se sumó a la familia, su amo estaba en plena adolescencia. Aquella bolita blanca y peluda lo seguía para todos lados, para prevenir que lo pisaran se le compró un hermoso collar con cascabel, del cual se zafó a los pocos minutos. Desde entonces, mostró el que fue su único talento, si se considera tal: una innata habilidad para quitarse todo lo que se le colocara ajeno a su condición de perro. Cual escapista, en cuestión de minutos se despojaba de collares, pecheras e incluso un suéter, del que sigue siendo un misterio cómo logró deshacerse sin romperlo. La pechera sólo permitía que se la pusieran para sacarlo a pasear, al regresar a casa él solo se encargaba de quitársela.

También desde temprana edad, "Lucas" dio muestra de su mayor complejo: sentirse perro de pelea. Un día, creyéndose superior a cualquiera le ladró al par de dóberman que cuidaban un taller mecánico, los perrazos solían estar encadenados, pero esa vez los habían dejado sueltos. La persecución no se hizo esperar. El amo tomó a "Lucas" en brazos y con habilidad de doble de película de acción corrió hasta llegar a casa, saltando el barandal para ponerse ambos a salvo. En lo que corría clamaba tan desesperado como en vano "¡Cállate 'Lucas', nos van a comer!".

El tiempo pasó y "Lucas" se convirtió en lo que ya se advertía: un hermoso perro con un nombre versátil. Cuando su amo jugaba futbol era "GianLucas PagLucas", en remembranza al exportero italiano Gianluca Pagliuca, si jugaban videojuegos era "Lucas Bros.", si veían una película se transformaba en "Lucasio di Caprio" y así sucesivamente. "Lucas" vio a su amo crecer. Discreto confidente conoció de sus primeros amores y desamores, de sus anhelos y desilusiones. Desde el sillón que hizo suyo lo vio hacer tareas, jamás se comió ninguna, y cuando su dueño fue a la universidad aprendió a pasar más tiempo con la mayor de la familia, a quien se acopló e identificó como su ama.

A ella le toleró sus intentos de estilista canina que lo dejaban trasquilado y luciendo unos pelos como si le hubiera estallado el bóiler. Un día cualquiera la vida cambió drásticamente, su ama enfermó y el diagnóstico era adverso, el tiempo que estuvo hospitalizada hubo que ingeniárselas para que el perro aceptara comer. Luego vino una ardua lucha, cual buen second, se mantuvo a su lado animoso y fiel hasta verla restablecida.

"Lucas" vio a su dueño formar su propia familia, conoció a sus hijos y revitalizado les acompañó en juegos como años atrás lo había hecho con su amo. Para entonces todos bromeábamos diciendo que "Lucas" era inmortal, pero no lo era. Hace unos días, el brillo de sus ojos se fue apagando poco a poco hasta extinguirse, dejando en la memoria el cariño incondicional de aquel perro anciano, fiel a su manada hasta el último latido.

Muchas gracias por leer estas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Va el aprecio para el veterinario Ricardo Morales Alcalá, por el cuidado que puso en "Lucas" y, sobre todo, por el esmero y dignidad con que lo trató cuando estaba por cerrar su ciclo vital.

No hay mejor palabra para corresponder a su profesionalismo y amabilidad, que gracias. Ahora sí, comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones en [email protected] En Twitter en @MarisaPineda. Anímese a leer un libro y mientras, que tenga una semana que haga memoria.