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Estado fallido en seguridad

GOBIERNO REBASADO. Lo reconozcan o no las autoridades, el gobierno de Sinaloa se ha visto empequeñecido y rebasado ante los hechos de violencia que han acontecido en las últimas semanas en la entidad. La fuga de cinco reos de alto nivel de mando en el crimen organizado del penal de Culiacán es sólo un indicador de la incapacidad del estado, y de las complicidades institucionales, que se construyen desde la delincuencia organizada.
Con mandos militares, o sin ellos, las estrategias han sido fallidas, las adicciones han ido al alza, la sangre derramada, enfrentamientos, ejecuciones, lavado de dinero y narcomenudeo también han aumentado; el armamentismo, incidencia delictiva y la presencia de bandas del crimen igualmente vienen creciendo.
Es muy fuerte la penetración de los cárteles de la droga en las comunidades de Sinaloa, por diversas zonas del estado deambulan comandos armados al servicio del crimen organizado, jóvenes vestidos de negro, apertrechados con rifles de alto poder, con Barret y “cuernos de chivo” circulan en camionetas blindadas, jóvenes que no pasan de los 25 años, y que se enfrentan entre sí, disputándose el control del mercado ilegal de drogas y de las narcozonas en que han convertido varias regiones de Sinaloa.
Por la carretera Costera y en caminos principales, como si no hubiera mando policial, se les ve deambular, toman por asalto algunas regiones. Ellos dan indicaciones de paso a los vehículos y, si lo deciden, ordenan también la entrega de las unidades. Así se vive en Sinaloa, y no porque la mayoría de sinaloenses sea narcotraficantes, sino simple y sencillamente porque el mando y la autoridad, lamentablemente, la ejercen los comandos del crimen. ¿O no?

RETAN AL GOBIERNO. A plena luz del día, y sin ocultarse, realizan los narcoentierros con despliegue de balas, al ritmo de la tambora descargan metralletas y retan a la autoridad. Tiran cuerpos desde avionetas, decapitan y mutilan personas, roban vehículos, roban gasolina, distribuyen las drogas al por mayor, y los militares -pasmados- frecuentemente son sorprendidos, sin lograr -hasta ahorita- frenar el despliegue de fuerza ni los enfrentamientos y ejecuciones que realizan las bandas del crimen.
Pareciera que son más los sicarios, punteros, pistoleros, lavadores de dinero, policías y políticos coludidos, que los militares y policías honestos; el narcotráfico multiplica sus contactos y complicidades, en la medida que crece la demanda de narcóticos y el flujo de ganancias con las adicciones. Con o sin militares, han fracasado las estrategias de seguridad en el país y en el estado, y es hora de reconocerlo, y replantearse el hacer cambios de fondo en las políticas de seguridad. ¿O no?

SIN CREATIVIDAD NI DECISIÓN. Lo preocupante no es sólo que fallen las estrategias de seguridad y que el número de ejecuciones crezca, sino que la clase política no tenga decisión ni idea de cómo enfrentar el flagelo de la inseguridad creciente en la entidad. Que no se animen a cuestionar las estrategias fallidas, que no propongan cambios o soluciones de fondo, y que reiteren acciones y medidas que no han funcionado en el pasado. 
No sólo el gobernador, Quirino Ordaz, viene replicando una estrategia que no ha dado resultados en el pasado, como es la militarización de mandos policiacos, también los legisladores locales insisten en propuestas que tampoco funcionan. Proponer comparecencia de directivos de policías es indicativo de lo perdido que andan los legisladores y de lo poco que comprenden los temas de seguridad. ¿O no?