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Este tremendo mundo

GRAN ANGULAR

Abominable y peligrosísimo para un mundo lleno de crecientes tensiones, es el derribo con un misil aire-tierra del vuelo MH-14 de Malasia Airlines y la muerte de sus 298 pasajeros.

La aeronave, a saber, seguía la vía aérea más común en la ruta hacia el lejano oriente, al cumplir un vuelo de Amsterdam a Kuala Lumpur. Esa ruta pasa, casi inevitablemente, sobre lo que es hoy una de las zonas más conflictivas del planeta, donde una intensa actividad militar refleja la confrontación de las fuerzas armadas ucranianas con rebeldes separatistas pro rusos en la frontera de ambos países.

Inmediatamente después de ocurrida la tragedia que cobró la vida de inocentes holandeses y australianos, muchos de ellos niños, surgió la versión de que el Boeing 777 había sido derribado. El gobierno ucraniano decía que por un misil tierra-aire de los rebeldes y éstos, por un avión caza ucraniano. Los separatistas pro rusos informaban al mismo tiempo de la localización de la caja negra del avión y proponían una tregua que abriera tiempo y espacio suficientes para rescatar los cuerpos desperdigados en un radio de siete kilómetros.

Al cabo de las horas, los servicios de inteligencia de Estados Unidos confirmaban que el avión, en efecto, había sido bajado por un misil aire tierra. Lo que no decían ni dijeron esas fuentes, por lo menos hasta el momento de escribir esta columna, era el nombre de los responsables de haberlo hecho.

Rusia y Ucrania mantienen un conflicto desde hace meses, que escaló cuando los habitantes de la península de Crimea decidieron, por referéndum, separarse de Ucrania e incorporarse a Rusia, tendencia que se expandió a otras regiones ucranianas y que la Unión Europea y Estados Unidos atribuyen a las renovadas maniobras hegemónicas del presidente ruso Valadimir Putin.

Ese es el contexto en que se da este hecho ominoso que poco ayuda a liberar tensiones en la región y que confronta aún más a Washington y Moscú, y a éste con Alemania, Francia y la Gran Bretaña.

Planteado así suena a conflicto de escala internacional atizado ahora por la versión de medios de comunicación rusos que aseguran que el misil fue disparado por Ucrania pero que hizo blanco por equivocación en la aeronave malasia, ya que el verdadero objetivo era el avión del presidente Putin quien regresaba de una gira por América Latina.

Así que Ucrania podría haber sido la que disparó el misil para aniquilar a Putin o simplemente para provocar y atraer de manera más directa el favor de sus aliados occidentales. Pero también, con fines de provocación o como acto terrorista, pudieron haber sido los separatistas pro rusos para, de una vez por todas, provocar una invasión del Kremlin a Ucrania. Pero en este galimatías, tampoco podría descartarse la posibilidad de que la responsable fuera la propia Rusia, ya sea para desencadenar la invasión o simplemente para desafiar y mostrar músculo.

Por si algo le faltara a este clima de confrontación y crecientes tensiones, al gobierno de Israel se le ocurrió iniciar ayer la invasión del territorio palestino de Gaza, en el décimo día de feroces bombardeos que han cobrado la vida de civiles inocentes, muchos de ellos niños, y que Tel Aviv realizó en repuesta a los ataques con cohetes lanzados a su territorio por extremistas del grupo Hamas.

Estamos pues ante una escalada abominable y peligrosa que se da en el contexto de una crisis económica de la que no atinan a salir las potencias de occidente y de la ofensiva geopolítica que al grito de no más un mundo unipolar encabezan Rusia y China por medio de llamado BRICS, bloque de países que junto con Brasil, la India y Sudáfrica acaban de desafiar al sistema financiero internacional al crear su propio Banco de Desarrollo y hacer a un lado al dólar en sus intercambios comerciales.

¿Dónde está México en todo esto? Parece que de lado de su socio y vecino, protagonista de ese mundo unipolar que parece haber llegado a su fin, y ahora con su exitosa política exterior de otros tiempos, sustentada en los principios de no intervención, autodeterminación y solución pacífica de controversias, convertida en letra muerta. Acaso no esté así en el mejor de los lados.

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