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Estimación vs. meta de crecimiento económico

Es difícil atinarle al pronóstico del crecimiento económico, pero es más difícil reconocer que la realidad le gana al entusiasmo y a los buenos deseos. Con una administración interesada en cambiar las expectativas de la población y los inversionistas por reformas estructurales que cambiarán al país en el mediano plazo, terminó por imponerse la coyuntura. Y la SHCP innecesariamente se enfrascó en una polémica por obstinarse a reconocer que el parámetro de crecimiento económico grabado en los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) presentados el 8 de septiembre de 2013, estaba siendo rebatido por la publicación de las encuestas de expectativas de los analistas.

Vale la pena tener presente que la tasa de crecimiento económico que se incluye en los CGPE es más parámetro que pronóstico, el cual se ha utilizado en la SHCP para armar el presupuesto de ingresos, gasto y deuda que se somete a consideración del Congreso de la Unión.

En una economía abierta, que no tiene la escala para influir en alguna variable económica internacional; en la que predominan las actividades de los particulares, es difícil que un gobierno nacional pueda cumplir metas de crecimiento económico. El establecer metas de crecimiento económico, especialmente de corto plazo, es propio de economías cerradas dominadas por la planificación centralizada, donde el Estado es propietario de un porcentaje importante de los medios de producción, como sucedió hasta 1986.

En cambio, en economías de mercado, caracterizadas como mixtas, donde hay participación privada y del sector público en las actividades productivas, la práctica común es tener estimaciones o pronósticos sobre el crecimiento económico y darle seguimiento a las expectativas que tienen especialistas sobre el desempeño de la economía.

Esto explica el porqué la tasa de crecimiento económico contemplada en los CGPE, desde 1984 hasta los de 2014, nunca le ha acertado al crecimiento económico. En su caso, ha habido años, los menos, en los que el crecimiento contemplado sí ha sido superado. En los últimos cinco años de gobierno del presidente De la Madrid, sólo en 1984 se superó lo previsto. En los otros cuatro ejercicios fiscales el crecimiento económico fue sustancialmente inferior. En el gobierno del presidente Salinas, en cuatro años sí se superó la estimación de los CGPE; en el del presidente Zedillo fueron sólo tres; con el presidente Fox dos, y con el presidente Calderón sólo uno. En todos los demás años el crecimiento económico previsto fue menor al observado. Las diferencias más grandes entre lo observado y lo estimado se dieron en los años de 1995 y 2009. Hasta ahora la evidencia muestra que cada vez resulta más difícil rebasar la tasa de crecimiento económico prevista en los CGPE.

Por lo tanto, aferrarse a una cifra que el ejecutivo federal utiliza para efectos presupuestarios, tanto de ingreso, gasto y endeudamiento, como pronóstico, resulta sumamente riesgoso, más cuando desde hace 10 años la fecha de presentación del llamado paquete económico es a principios de septiembre.

En septiembre de 2013, el consenso de los analistas, captado por la Encuesta sobre las Expectativas de Banco de México, ya anticipaba para 2014 una tasa de crecimiento (3.7%) ligeramente menor que la contemplada en los CGPE (3.9%). En enero, ya habiendo sido aprobada la reforma fiscal, las expectativas se ajustaron aún más a la baja para situar la mediana en 3%. De ahí en adelante, continuó el deterioro de las expectativas para llegar a marzo a 2.1%. Para ello contribuyó el frío extremo en la economía de Estados Unidos, y en México los malos resultados de las ventas en las tiendas de autoservicio; la disminución del ingreso disponible de la población por mayor pago de impuestos; la desaceleración de la inversión al enfrentar la eliminación de la deducción inmediata; la reducción a las deducciones por pago de cuotas a la seguridad social, y otras más.

En la estructura actual de la demanda agregada de la economía mexicana los componentes más importantes, por mucho, son el consumo privado seguido por las exportaciones de manufacturas y la inversión privada. Por lo tanto, ¿es creíble una estrategia que busca influir en las expectativas de crecimiento económico con aumentos al gasto e inversión públicos, pese a que ambos componentes no superan el monto de la inversión privada, en un entorno deteriorado para el consumo?

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