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Extraños cuando se conocen

PISTA DE DESPEGUE

Nada (ni nadie) es perfecto. Lo sabemos, pero aun así nos arropamos con la más rahída de nuestras ropas y nos lanzamos, con una lámpara en la mano, cual Diógenes posmodernos en esa siempre patética y también malograda búsqueda en pos de la perfección.

¿Y con qué nos encontramos-estampamos casi siempre al realizar ese tipo de empresas?

Demos de momento un ejemplo. Bien que lo escribió Michal Oleszczyk en el portal de críticas y reseñas cinematográficas del extinto Roger Ebert: "Extraños del lago es el más sexy y elegante thriller en años, y es una lástima que tenga tan poca oportunidad de trascender el nicho de películas de corte gay en el que seguramente será relegada". Y saben, tiene razón. Si la cinta del también guionista francés Alain Guiraudie está dando de qué hablar no es por su sorprendente manejo de un suspense que desde hace años no veíamos en toda su gloria: una sola locación, apenas un puñado de personajes y una serie de eventos que van saboteando impasiblemente nuestra percepción sobre lo que ocurre o no dentro del metraje. No, de lo que se está hablando es de sus explícitas escenas de sexo, como si ellas fueran realmente el tema central de la película.

Extraños del lago es la historia de Franck (Pierre Deladonchamps), joven y afable solterón que llega a los márgenes del lago con el sólo deseo de pasársela bien. En su primer día comienza a relacionarse con Henri (Patrick D'Assumçao), y a disfrutar del sol, el agua y la compañía, pero todo se va al cuerno cuando fija su atención en el hosco y apuesto Michel (Christophe Paou), personaje cuya rampante presencia no le es indiferente a nadie en aquel centro vacacional.

Poco a poco, Franck va acercándose a Michel a pesar de la relación ya iniciada con Henri. Supongo que ya todos saben en qué terminan esos tipos de acercamientos. El caso es que tras aquel salvaje encuentro, ocurre la razón por la que Extraños del lago fue hecha: Franck es testigo de cómo Michel ahoga a otro vacacionista. Lo importante es que Michel sabe bien que Franck presenció todo, pero nada cambia entre ellos, ¿por qué razón ocurre eso?

El cadáver del ahogado es encontrado y pronto la policía hace acto de presencia en esa comunidad en la que nadie quiere que se sepa ni quiénes son ni de dónde vienen. Como siempre, hay pistas de quién podría ser el responsable del asesinato, por lo que se comienzan las sospechas en específico, ¿en verdad a alguien le sorprende quién se convierte en el principal sospechoso del férreo investigador? La fórmula del falso culpable se trastoca. Capturado por un prodigioso trabajo tras la cámara de Claire Mathon, las tribulaciones de Franck van siendo tan palpables como lo fueron, en aquellas ya tan idílicas escenas iniciales, la modesta algarabía de aquel que se siente vivo, libre y como dicen muchas canciones melosas: dispuesto a todo. Bienvenidos al final del sueño, que fuera de convertirse en pesadilla por obra y magia de un superficialmente complejo guión, nos muestra que a veces la perfección siempre tan buscada y deseada y regularmente tan sobrevalorada, es posible y reside en saber contar una historia de cabo a rabo sin querer parecer el último listo de la fila. Alain Guiraudie no es listo ni es un genio. Es un gran narrador simplemente y su Extraños del lago es una muestra de que eso que vulgarmente llamaron thriller erótico y que tan popular fue hace décadas, no es registro agotado. Pero qué lástima que muchos de esos Diógenes posmodernos a los que me referí al inicio sólo se quedarán en las ramas (o con el movimiento de ramas) y no, por poner otro ejemplo, en el hecho de que la cinta no tenga (ni requiera) de hacer trampas vía una pista musical.

Por gente así, cosas como La vida de Adèle (realizada por uno de esos últimos listos de la fila) existen. Ni más ni menos.

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