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Falsarios e intolerantes

Peña cierra el año con su secretario de Gobernación y primer policía como orador en el aniversario de Morelos. El discurso entreteje interpretaciones artificiosas del héroe e introduce amenazas. Insisten en hacerse de legitimación histórica, como la falsificación de un Cárdenas privatizador. Ahora utilizan a Morelos, preclaro insurgente, destacando características acomodadas a su conveniencia: le era "inaceptable la desigualdad social" y "apostó a la política, uniendo a los insurgentes en un congreso para legislar en la pluralidad". Del documento Sentimientos de la Nación destacan su afirmación de que la soberanía del pueblo se deposita en sus representantes, para decir que ahora es una realidad republicana, que ellos practican, pero omiten los postulados del mismo documento que condicionaron a ese congreso: "La buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro congreso deberán ser tales que obliguen a la constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, se aumente el jornal del pobre" y "que las leyes comprendan a todos sin distinción de privilegiados". Morelos rompió ataduras y enfrentó resistencias, afirma Osorio, para compararlo con Peña, que también rompió inercias que han mantenido al país en estancamiento y parálisis.

Falsarios, las que rompió Morelos fueron las del coloniaje y las resistencias, el imperio español. Peña, al contrario, impone los intereses neocoloniales que nos han tenido, precisamente, en el estancamiento y las resistencias a sus reformas son las auténticas mayorías fuera de su Congreso, ni por asomo el de Morelos, ni el creador de la buena ley contra la opulencia y la indigencia, más bien solapador de los privilegios.

Las amenazas. Después de alabar sus reformas constitucionales, destinadas —dice— a que los mexicanos tengan mayores oportunidades, advierte que esto no se logrará con "descalificaciones o estridencias", con lo que descalifica a la oposición; "este gobierno seguirá abierto a escuchar a todos", pero deja claro que sólo escuchará a los que quieran ser parte de la edificación de ese México que su gobierno impone, y finalmente el policía mayor espeta: "Pero que nadie se confunda: tolerancia es gobierno; tolerancia también tiene límites; y tolerancia también es firmeza (...) No permitamos que la desinformación genere confusión y falta de participación".

La tolerancia contiene un elemento de condena en su significado, diferente a libertad e igualdad; sus alternativas son persecución y supresión del elemento considerado negativo, deriva de aquella intolerancia dogmática religiosa, que ante su verdad absoluta sostiene que tolerar afirmaciones en su contra es tolerar la falsedad; la herejía como la disidencia resultan crimen, revuelta contra de la autoridad legal, que abre el camino a la anarquía, la inquisición fue su solución. Más cerca, la intolerancia es macartismo, espionaje, acallar la libertad de expresión. La afirmación de Osorio, "la tolerancia es gobierno", es falsa, la única razón del gobierno es garantizar los derechos humanos apegándose a la ley; con su admonición de que "la tolerancia también tiene límites" nos advierte que él, secretario, fijará los límites, no la ley, concluyendo: "la tolerancia es también firmeza". ¿Se refiere a sus legiones de policías, tanques, gases y espionaje? ¿Se refiere a la protesta magisterial defendiendo sus derechos; a quienes afirman que sus reformas son regresivas, antidemocráticas; a quienes creen —equivocados, diría Osorio— que es mentira que la reforma es para que el sector energético sea más nuestro que nunca?

Cómo se atreven a decir: "no permitamos que la desinformación genere confusión y falta de participación", cuando Peña y Osorio desinforman, engañan, pagan demagogia y mentiras, y amenazan a quienes no aprecian la ideología transformadora de Peña y Osorio como verdad absoluta: herejes, disidentes, "nacionalistas hipócritas", pero millones.

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