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Faltan aclaraciones

SAPIENZA

Vivimos en la era del mapa del genoma humano y de la revolución genética, y sin embargo, la ignorancia en cuanto a cómo aparecen los casos de especiación siguen siendo nulos. Nuestros conocimientos al respecto siguen siendo iguales a los que había en los tiempos de Charles Darwin. Más de siglo y medio ha pasado desde que él hiciera sus pronunciamientos sobre cómo inició la vida en la Tierra y cómo surgieron tantas especies. Más de siglo y medio ha pasado, miles de explicaciones al respecto se han presentado pero no hay ningún caso real que la pueda comprobar, lo cual debería hacernos cuestionar que si la teoría de Darwin en realidad es cierta, los casos de especiación deberían ser algo frecuente, pero no lo son. Su teoría se ha repetido tantas veces en programas televisivos, en libros y revistas que mucha gente cree que es cierta, pero adolece de grandísimas fallas que para gran parte del estamento científico es sólo una mala teoría, en el mejor de los casos. No hay una nueva especie que haya aparecido y sí muchas han desaparecido. Además, como prueba de esa evolución, se ha querido hacer creer que parecido es sinónimo de parentesco pero no es así. El parecido se debe simplemente a un mismo plan estructural. Son más las diferencias que hay entre los seres vivos que las coincidencias. En Australia, una tierra con especies marsupiales, sólo un experto podría decir si un perro, como algunas especies de ellos que han desaparecido, era un marsupial o había nacido por medio de placenta. Las diferencias de los tejidos blandos son mayores que las similitudes de los tejidos duros. Aun la similitud entre simios y humanos no es prueba de parentesco pues no todos los genes tienen el mismo valor ni la misma importancia. Se dice que el chimpancé tiene en cuestión de genes un 98 por ciento de similitud con los humanos. Tal vez. El parecido tiene lógica pues no habría razón para que se crearan diferentes moléculas para realizar tareas similares en estructuras idénticas en un mismo ambiente planetario. Y además, ese 2 por ciento restante es sumamente importante pues hace la gran diferencia entre los humanos y los simios. La revolución genética no ha aclarado nada sobre los casos de especiación que tanto necesita la Evolución.