Opinión

Federico El Grande

Por  Marco Antonio Berrelleza

El 24 de enero de 1712 nació Federico II El Grande en Berlín, Alemania.

Monarca de Prusia, lamentaba que el día solo tuviera 24 horas, ya que era un apasionado del trabajo. Hasta las cuestiones de menor importancia las decidía él mismo. Los discursos eran escritos por su propia mano. Con orgullo declaraba: “Trabajo con ambas manos, una para el ejército y la otra para el pueblo y las artes”. 

Desde el primer día que llegó al trono prusiano, invitó a todos los sabios de Europa para que se establecieran en Berlín y formaran una gran Academia. El único en acudir fue el francés Maupertuis, quien se hizo célebre mundialmente, al lado de Federico, al determinar con exactitud el achatamiento de la Tierra en los polos. 

El lado flaco de Federico, como podemos ver, eran la ciencia, la cultura y las artes, sin descuidar, por supuesto, la política. Deseaba convertir a Berlín en una nueva Atenas o ya de perdida en una Versalles. Socialmente, su anhelo principal consistía en ver a su pueblo feliz y contento, todo lo contrario a lo que prevaleció en el reinado anterior, el de Federico Guillermo. Uno de los mayores atractivos intelectuales en el reino de Federico fue Voltaire, quien había sido su maestro.
En realidad, Federico fue un autócrata que pensaba que sólo él podía hacer bien las cosas; los demás eran unos estúpidos e idiotas.