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¡Felices pascuas de resurrección!

DESDE LA CONFRATERNIDAD

"Dios envió a Jesús a la tierra a enseñarnos una mejor manera de vivir. Aunque Su ministerio duró sólo tres años, Sus enseñanzas han influido en millones de personas durante casi dos milenios. Pero el regalo más grande que Jesús nos dio fue Su vida. Él pagó el precio de nuestros pecados, murió en la cruz y resucitó de entre los muertos, abriendo así el camino para que volvamos a vivir con Dios algún día". María Magdalena va a la tumba de Jesucristo y ve que está vacía. Resucitó al tercer día y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre. Hecho que marca con sello celestial la culminación de la obra de Dios, a través de su Hijo, y que da sentido a tanto sufrimiento padecido por Él, sin merecerlo, y que da sentido también, a tanto sufrimiento que se padece en este mundo lleno de guerras y de injusticias. Hecho que tuvo como antecedente la muerte en la cruz. Muerte, que también, cada uno de nosotros padecerá, y que me da miedo escribir sobre ella, ya que el temor a la muerte no es cualquier cosa. Primero porque es inevitable, y segundo porque, pecador que soy, me intimida por el asunto aquel de que tengo que dar cuentas de mi actuación en esta vida, y puede ser "que no la libre. "Muerte que ha estado presente desde el pecado de Adán y Eva y que se ha manifestado en miles de millones de seres que han circulado por el planeta Tierra. Y que han caminado, comido, trabajado, reído y llorado como yo. Les ha dolido la cabeza como a mí, y han tenido ilusiones y decepciones como las he tenido yo. Y todos ellos ya pasaron y han caído en el olvido. Después de mí vendrán otras generaciones que aún no existen y, sin embargo, desfilaran algún día por la Tierra. Las calles de todas las ciudades del mundo se verán atestadas por ellos y viajarán para divertirse, trabajarán diariamente para poder comer y se enojarán y se alegrarán, estudiarán y platicarán. Todo estará lleno de una multitud innumerable, alegre, inquieta y sufrida… ¡Y yo no estaré ahí para verla pasar! Además, ellos no sabrán siquiera que yo he existido. ¡Qué aventura ésta, la de vivir y morir!. Aventura que me resisto a entender sin la esperanza de la resurrección. Cómo lo dijo san Pablo: "sin la resurrección vana es nuestra fe", y el mundo y la vida carecerían de sentido, agregaría yo. Es bueno pensar que la locura de la cruz es más sabia que la sabiduría de los hombres, ya que en ella se basa y es el fundamento de la tranquilidad que se debe lograr a la hora de la partida. Pensar en Cristo como redentor es la máxima aspiración del hombre, porque la locura de un Hombre-Dios sometido a la más grande injusticia por hombres comunes y corrientes implica la más grande aventura que ha existido en este mundo: Un Hombre-Dios, sin culpa, es flagelado, torturado, humillado y asesinado por sus súbditos: evento, injusto y cruel que nos debe de llenar de vergüenza e implorar su perdón. Ya lo acaba de decir el Papa Francisco: "no se cansen de pedir perdón que Dios no se cansa de perdonarnos". Aquí, y no en otra parte, está la solución para nuestras injusticias cometidas y la justificación a la locura de Jesús de venir a salvarnos por muerte de cruz. La tumba vacía de Jesús apacigua el miedo, y digo "apacigua", porque no es verdad que se elimina, y fortalece la esperanza de una vida de felicidad plena. El horror que se experimenta ante la muerte, la mía y la de todos, se aminora cuando entendemos que Cristo la venció y con ello nos abrió la esperanza de algo hermoso más allá de ella. Esperanza que una vez lograda, seguramente nos hará verdaderamente libres y felices en la Gloria eterna. Además, la Pascua es la fiesta mayor de la humanidad, ya que se cumple con el ejemplo del señor Jesús el que todos nosotros resucitaremos y nos levantaremos hacia la Gloria a acompañarlo para siempre. La tumba vacía de Jesús y la nuestra, es el máximo símbolo de consuelo para los humanos, ya que todos los humanos de todos los tiempos vamos a resucitar como Él. Por eso se justifica la alegría que siento al desearles a todos mis prójimos lo siguiente: ¡Felices pascuas de resurrección!

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