Opinión

Centenario de la Promulgación de la Constitución Política del Estado de Sinaloa de 1922

LA OTRA POLÍTICA

  • La otra política

Por Feliciano Castro Meléndrez

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Una obviedad. Las Constituciones son la expresión del contexto histórico en el que estas se dan, propiamente son resultado de la correlación de fuerzas políticas que se manifiestan en la disputa por el poder y en la formulación, aprobación y expedición de leyes y reformas.


La primera Constitución sinaloense data del año 1831, misma que dio origen a la conformación del Estado Libre y Soberano de Sinaloa tras la desaparición del Estado Interno de Occidente. Las posteriores Constituciones se expidieron en 1852, 1861, 1870, 1880, 1894, 1917 y 1922.


Este 22 de junio, Sinaloa cumplió cien años de la promulgación de su octava y aún vigente Constitución Local, la de 1922, cuyo antecedente más cercano es la de 1917, la cual fue inspirada bajo la influencia del constitucionalismo social iniciado a raíz de la revolución mexicana.


En conmemoración de dicha fecha histórica y ante la presencia de los representantes de los poderes Ejecutivo y Judicial, el día miércoles 22 de junio del presente año se llevó a cabo sesión solemne en el H. Congreso del Estado, en la que se inscribió con letras doradas en el Muro de Honor del Salón de Sesiones la divisa: Centenario de la Promulgación de la Constitución Política del Estado de Sinaloa de 1922.


La Constitución de 1922 resume, en esencia, la hegemonía de la fuerza del latifundismo, previa derrota de los movimientos agrarios. La rendición en 1916 del Gral. Juan M. Banderas y Felipe Bachomo son indicadores elocuentes de tal derrota. El triunfo del Plan de Agua Prieta propicia el fortalecimiento del Gral Ángel Flores, asegurando, con esto, borrar del texto constitucional las facultades del Congreso de Sinaloa en materia agraria y derechos sociales. Un retroceso. 


Hoy se vive otro contexto histórico: la emergencia política del pueblo en 2018,  reivindicando otro régimen político, a través de un Estado que asegure el bienestar de la gente. Gracias a esta nueva correlación de fuerzas, en el Congreso Local, se registran procesos legislativos con esa orientación social, en el centro los derechos humanos.


El 2018, como igual el 2021 en Sinaloa,  no se explica sin el movimiento de 1968, hito histórico de trascendencia social; el triunfo de Andrés Manuel López Obrador es la síntesis de cincuenta años de luchas sociales y políticas y específicamente electorales. Se trata de una larga lucha por la transformación social de México.


En Sinaloa, el voto popular preserva la pluralidad en el Congreso, pero genera otra hegemonía, la que resulta del pueblo representado mayoritariamente por Morena. En esta nueva realidad estamos convocados a recuperar las aspiraciones democráticas y de justicia social de la gente, transformar la vida pública. Situación que ya se manifiesta en las reformas de la Constitución del Estado: los derechos humanos al mando. 


El reto para la izquierda  es propiciar condiciones para hacer de la pluralidad  política la fuerza para la transformación de Sinaloa. El diálogo entre todas las fuerzas es el camino para el entendimiento. Conducirse así supone el reconocimiento de la importancia de las minorías que por derecho propio están convocadas a cumplir con la historia.

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