Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

Feudalismo, presidencialismo y poderes fácticos

Se pensaba que con la democratización se reviviría el federalismo mexicano, si bien algunos, como Carlos Castillo Peraza, visualizaron que había riesgo de que, de no se tomarse las medidas adecuadas, más que federalismo lo que vendría sería el feudalismo.

Los gobiernos emanados del PAN consideraron que para fortalecer el federalismo bastaba otorgar mayor financiamiento a los gobiernos estatales, pero lo hicieron sin contrapesos ni obligaciones de rendir cuentas. Lo que se fortaleció fue el neofeudalismo, que implica que los gobernadores actúan de manera arbitraria y abusiva sin rendir cuentas a nadie, ni a los poderes centrales —de los cuales adquirieron autonomía real— ni a las instituciones estatales que, con excepciones, controlan totalmente.

De ahí que la conclusión a la que se ha llegado en estos años es que el pluralismo y la descentralización política se tradujeron, no en el federalismo que se pretendía, sino en un sistema feudal. Diría Fray Servando Teresa de Mier —(junto con otros constituyentes de 1824) que advirtieron que ese sería el fenómeno que experimentaríamos de adoptar el sistema federal, en condiciones históricas y culturales tan distintas de las de Estados Unidos— que irremediablemente eso se traduciría en un régimen feudal, como de hecho ha ocurrido a lo largo de nuestra historia, salvo cuando el gobierno central tiene suficiente fuerza para imponer de facto un sistema centralista.

En efecto, cuando prevalece un presidencialismo autoritario prevalece la sujeción metaconstitucional de los gobernadores a la voluntad presidencial, a su aprobación y eventual remoción discrecional. Eso al menos metía en orden a los gobernadores que no podían hacer y deshacer a su arbitrio, sino que debían alinearse a la voluntad del Ejecutivo federal. Aunque la renovada autonomía de los gobernadores inició con el último gobierno del PRI (con Ernesto Zedillo), se amplió y fortaleció bajo los gobiernos panistas. Pero con la aprobación fast track de la reforma energética en los Congresos locales (controlados a su vez por los gobernadores, salvo excepciones), se habla del renacimiento del presidencialismo. Bueno, hasta cierto punto, pero por lo visto eso opera sólo cuando el PRI está en el poder. Enrique Peña Nieto, siendo aún candidato, explicaba que bajo su eventual presidencia reformas estructurales que habían sido desechadas por el PRI durante los gobiernos del PAN, podrían pasar ahora, pues lo que no es fácil hacer con el PRI desde la oposición —alinearlo y disciplinarlo—, desde el poder sí es factible. Ya lo demostró Peña con las reformas aprobadas el año pasado, en particular la energética (pues son muchos los que dentro del PRI mantienen el añejo nacionalismo revolucionario que ahora sobrevive en la izquierda).

Pero eso no basta para entender el actual ordenamiento político de México. Sigue prevaleciendo el feudalismo aunque con mayor disciplina bajo un gobierno priísta, sin llegar a ser el antiguo presidencialismo hegemónico. Faltaría tomar acciones punitivas contra más de un gobernador o exgobernador corrupto para que hubiera cierto sentido de rendición de cuentas a nivel estatal, y por ende, genuina democracia. Pero debe incluirse otra variable clave para entender nuestro actual feudalismo: si bien los gobernadores controlan casi por completo los poderes formales dentro de su estado, han mostrado total debilidad frente a los poderes fácticos, por distintas razones. Ahí están como casos emblemáticos los gobernadores de Oaxaca, Chiapas y Guerrero sometidos a los caprichos y extorsiones del magisterio nacional en sus diversas secciones y expresiones. Frente a los bloqueos y vandalismo de los maestros, muchos gobernadores simple y sencillamente han quedado doblegados. Pero también está el poder del crimen organizado que ha rebasado por completo a los gobiernos estatales, que simplemente nada pueden ni quieren hacer para ofrecer seguridad a sus ciudadanos. Y se van imponiendo también los grupos de autodefensa. Veremos su reacción en Michoacán a la invitación que hace el gobierno federal de regresar a sus lugares y actividades normales, ante el anuncio de que el Estado, ahora sí, cumplirá eficazmente su obligación de brindar seguridad. Y si declinan la invitación y continúan en lo suyo, ¿qué hará el gobierno? Así pues, si decimos que los gobernadores son dueños y señores en sus respectivos feudos estatales, en realidad son los poderes fácticos los que hacen y deshacen a voluntad, y que van rebasando a los poderes formales en varias entidades.

[email protected]