Opinión

Centro de Alto Rendimiento el Coloso

¡INGENIO Y FIGURA!

Por  Filiberto Inzunza

Parado en lo más alto del graderío del Coloso del Dique, veo una capa de niebla en todo el derredor. Pienso que el polvo nos envuelve en pensamientos abstractos, o es el coronavirus que nos rodea. Desde ahí diviso un pequeño gigante dormido, el gimnasio municipal, que funciona a medias. Alcanzo a ver las torres del alumbrado del estadio de beisbol Alberto Vega Chávez, lleno de lámparas, -quizás- que en otras instalaciones hacen falta. Una techumbre que se arremolina por todo el graderío, para darle un lugar de sombra a los aficionados. Acá más cerca una cancha Anexa 2, que cuenta con un regado a medias. La bomba está inservible. Otra cancha descuidada y sin uso, la Anexa 3, que fue cediendo al paso peatonal, vehicular y los destrozos a flor de piel. La Anexa 1, el fruto de un trabajo en equipo del Ayuntamiento y la gestión de los socios del Club de Veteranos. Es la estrella de un firmamento que se nubla, cuando regreso la mirada al mismo parque en donde estoy parado. Por una de las callejuelas del Infonavit Jobori juega un niño a ser futbolista. Le pega de patadas a una pelota que rebota y chilla en las paredes de una casa antigua.

Colofón. Y a propósito de fumarolas, maniquíes y espantapájaros, son pequeños rostros de nuestro deporte, con sus viejas instalaciones, en un pequeño centro que con rimbombantes nombres los adulan ante todo y ante todos. Centro de Alto Rendimiento El Coloso, que a duras penas sobrevive, encerrado en un círculo vicioso, como el encierro mismo que nos ha llevado a compartir esta pandemia del COVID-19.

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