Opinión

La vacuna y los gallos vacunados

¡INGENIO Y FIGURA!

Por  Filiberto Inzunza

Fue un viernes de vacunas y vacunados.  Nos tocó acudir a la escuela secundaria SNTE, de tantos recuerdos e historias que nos relajaron un momento en esa ilustre visita. Pero hoy no les hablaré de eso, quedará para mejor ocasión. En la fila que formé por ahí de las diez de la mañana, alcancé el número 323. En esos momentos muchas personas de la tercera edad ya salían sonrientes, -algunos— otros muy desvelados. Habían acudido desde temprana hora para ganar un puesto más temprano. Otros habían enviado a un joven familiar para alcanzar la ficha. Me sorprendió la agilidad con que se fraguó la vacunación. Llevé mi silla para descansar, --como otros lo hicieron- y los minutos se pasaron en un santiamén. Un poco antes de las 12 horas ya estaba adentro de la sala, donde un joven pasante de Medicina me tomó todos los datos de mi credencial de elector. Y en menos que canta un gallo su despedida, como esos del Querétaro que se fueron desplumados del Kraken mazatleco, yo ya estaba sintiendo la vacuna Pfizer en mi hombro del brazo izquierdo. Luego un pequeño relax para observación. Y las recomendaciones que dictó una doctora. “Nada de mariscos, ni camarón, ni pescados, mucho menos alcohol en 24 horas”, dijo.

Colofón. Y a propósito de piquetes angustiados, la segunda inyección se programó para el 19 de marzo. Mientras tanto, el Mazatlán, F.C. tenía su carnaval y Tomás Boy da un respiro.

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