Opinión

Fin de año

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Por: Arnoldo Kraus

¿Celebrar o no celebrar el fin de año? Todo depende. ¿Tener o no esperanza en el próximo año? Todo depende. Depende desde donde se mire, de la dosis de confianza y del balance entre optimismo y escepticismo. El lunes inicia 2018. Año de elecciones. Año de esperanza o desesperanza. Pertenezco al segundo grupo. Para (casi) no contagiar mi escepticismo, comparto cinco relatos breves. En ellos reflejo mi sentir.

Surrealismo mexicano (1/1,000,000). Tras el último sismo que devastó México, el último presidente exclamó frente al Congreso: ¡México sigue en pie!; ¡nadie, ni la Naturaleza enemiga, ni los narcotraficantes compadres, ni los gringos odiosos, y ni siquiera la literatura pueden contra este glorioso país!

Ni un aplauso, ni una ovación, ni un senador de pie, ni un diputado emocionado. Nadie, nada. Sólo el último presidente.

Surrealismo mexicano (2/1,000,000). —No es mi culpa, aseguró Jaime, senador en activo del partido en el poder, el mismo partido de siempre, pero diferente al mismo de ayer.

—¿Entonces?, ¿de quién es la culpa?, preguntó el juez. Usted ha robado; suficientes situaciones y documentos lo comprueban. No mienta, si dice la verdad, la condena será menor: dos días a lo sumo, y un día en una suite de lujo sí..., usted sabe.

—La culpa es de los senadores de los otros partidos. No se robaron todo, lo hicieron mal y dejaron mucho dinero en el banco para las víctimas del terremoto. Ellos, señor juez, son los responsables, ¿me entiende?

Políticos. — ¿Sí?, preguntó Político.

— ¡No!, respondió Político.

— ¿No?, preguntó de nuevo

Político.

— ¡Sí!, respondió de nuevo Político.

— ¡Bien, bien!, afirmó Político, no tiene caso prolongar la discusión, ni sí ni no, ¿ok?

—Correcto, ni no, ni sí, enfatizó Político, ¡va!

—Bueno, bueno, por el bien de nuestro pueblo acepto lo que usted considere prudente.

—Y me adhiero a sus propuestas.

Aunque Político se llamaba igual que Político, eran personas diferentes. Un día pertenecían al partido “de izquierdas” y al siguiente a uno distinto, al “de derechas”. Ambos bregaban por el bien de la nación.

Presidente latinoamericano. Tras leer la famosa sentencia de Descartes, “pienso, luego existo”, el presidente de mi país, antes de utilizar la frase en público, decidió plagiarla. Lo aguardaban cinco Congresos, todos en el extranjero. Tras arduos estudios, les presentó a sus asesores sus ideas:

1. —Ni pienso ni existo.

2. —Ni existo ni pienso.

3. —Si pienso entonces existo.

4. —Si existo necesito pensar.

5. —Si pienso y existo a la vez es que Dios es misericordioso

Al unísono, los asesores concluyeron que la mejor idea era la última, la cinco.

Corrupción. En México, se dice, la corrupción es endémica. No el peor, pero sí uno de los grandes males. A pesar de intentar sobornar a los encargados de estudiar la corrupción en el mundo, México nunca ha ocupado el primer lugar.

Un ex presidente, su nombre no importa, víctima de cáncer, acudió, tras sufrir grandes dolores, a su médico, “lo lamento, su cáncer está muy avanzado, nada puedo ofrecerle; incluso, me apena decirle, creo que ni en la Clínica Mayo de Rochester podrían ayudarle”.

Obstinado, y arropado por el Poder natural de su investidura, pidió una cita en la Clínica Mayo:

—Doctor, can you help me? My doctor in Mexico sent me, perdón, how do you say aquí?

—Yo hablar español, no necesario hablar inglés. Su caso ser terminal. No poder ayudar. Doctor México mandar sus estudios. Colegas and me revisarlos all of todos. Nada, nada que hacer. Sentirlo mucho.

— ¡No puede ser, médico! La Clínica Mayo es la mejor del mundo. Dígame, ¿cuánto quiere?, ¿un millón?, ¿tres millones?

—No tratarse dinero…

—Doctor, millones de dólares, no de pesos devaluados. Por favor, ayúdeme, México me necesita.

—Lamentarlo mucho. No es dinero…

Angustiado y defraudado, el ex presidente se encaminó al hotel. Ahí lo aguardaban, en un cuarto su esposa, en otro su amante. (No en suites contiguas, cada una en otro piso). Las presentó y les dijo,

—Siempre lo supe: los gringos no son nuestros amigos y no nos comprenden. Le ofrecí al médico un mes de sueldo y a pesar de eso no me quiso ayudar.