Ahora puedes personalizar la edición que más se ajusta a tus preferencias.

Nuevo
Opinión

Foster y Romero

Avatar del

Por: Guadalupe Loaeza

Lo que más me gustó del Segundo Informe del presidente Enrique Peña Nieto fue el anuncio de la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Éste proyecto será cuatro veces mayor del actual aeropuerto. Me sentí doblemente gratificada cuando me enteré de que los arquitectos del nuevo aeropuerto serían Fernando Romero y Norman Foster. Dos generaciones, dos talentos y dos vanguardistas en lo que se refiere al diseño contemporáneo. Lord Norman Foster, premio Pritzker y Príncipe de Asturias de las Artes, de 79 años, es el arquitecto más admirado del mundo, gracias a muchas obras, entre ellas, el aeropuerto internacional de Hong Kong, el Metro de Bilbao y el Estadio Wembley de Londres. Por su parte, Romero es el autor del espectacular Museo Soumaya, la Plaza Carso, la Plaza Mariana y, muy próximamente, el Centro de Convenciones en Los Cabos, Baja California; el Museo PH, en Medio Oriente, y construirá en Austin, Texas, el Museo Mexic-Arte y, en Florida, el Miami Chapel.

Además de su trayectoria tan rica y exitosa, ambos profesionistas tienen algo en común: una esposa inteligente, sensible y profundamente enamorada de su respectivo arquitecto, las dos dejaron de trabajar para ocuparse de su marido y sus hijos. Dice el diario español El Mundo que Elena Ochoa es "la gallega más lady", además de ser Lady Foster desde que se casó con Norman. Elena fue colaboradora, durante muchos años, del diario El País. En los años ochenta Felipe González le pidió que hiciera un programa en la televisión sobre sexo. Hablemos de sexo llegó ser la emisión más popular de España, en donde el tema era tabú. Según la revista Vanity Fair, Elena, mujer guapa y sofisticada y madre de dos hijos, ahora es "una reputada especialista en el mundo del arte y la máxima responsable de la editorial Ivory Press, así como de la galería de arte de igual nombre". Pero su mejor cualidad es su sencillez elegante. Después de ver todos los proyectos que se presentaron en el concurso para participar en la construcción del aeropuerto de la Ciudad de México (se invitó a ocho grupos de arquitectos e ingenieros mexicanos e internacionales), fue ella la que le dijo su marido que sin duda el mejor era el de Fernando Romano. "Desde que lo vi, me dije que el trabajo de este muchacho ganaría". No hace mucho Elena declaró: "Mi marido y yo somos muy cómplices, hace lo que yo le diga". En el 2011, presentó un documental sobre la trayectoria de su marido, titulado How much does your building weigh, Mr. Foster? La película habla de los orígenes del arquitecto y de los edificios como el aeropuerto de Pekín, el Reichstag, el edificio Hearst, de Nueva York, y construcciones como el puente más alto del planeta, el viaducto Millau, en Francia, entre otros. A lo largo de 100 minutos aparecen diferentes entrevistas, contando, naturalmente, con la de Norman Foster. La cinta, filmada en 10 países a lo largo de dos años, resultó un verdadero éxito en el Festival de Berlín en la sección Berlinale Special, en 2010. Su hija mayor es escritora, como la madre, y su hijo tiene muchas horas de vuelo, resultó, a pesar de su cortísima edad, un gran piloto.

A Soumaya Slim Domit la conozco desde hace muchos años, especialmente en la época en que era la directora del Museo Soumaya de Plaza Loreto. Como Elena Foster, ella también es una gran amante del arte. Con todo respeto por el arquitecto Romano, podría decir que Sumi, como todo el mundo la llama, está profundamente enamorada del escultor francés Rodin, conoce su obra a fondo así como la de Camille Claudel, cuyas piezas escultóricas están permanentemente expuestas en el museo tanto de Loreto como de la Plaza Carso. Antes de que Sumi tuviera cinco hijos, a quienes adora, era una gran diseñadora de la revista del museo. Tengo coleccionadas varias de ellas, dedicadas a la moda de 1900, al Romanticismo y al Imperio mexicano. Sumi tiene muchas pasiones: la relación entre las palabras entre sí y su significado y la pasión que le inspiran los zapatos. Es dueña de una gran colección en todos los estilos. También le gustan mucho los aretes grandes y vistosos. Pero lo que más le ilusiona son las carcajadas que tiene grabadas en su celular, de su bebé Melisa. Ayer que brindamos por el arquitecto Fernando Romero, le brillaban los ojos como dos estrellas y su sonrisa.

Estoy segura de que con el amor de estas dos musas y su respectivo talento, ambos arquitectos, Norman Foster y Fernando Romero, construirán el aeropuerto, en la Ciudad de México, más grande y más bonito del mundo. ¿Se seguirá llamando Benito Juárez?

PD. En mi próxima entrega hablaré de la historia de los aeropuertos mexicanos.

gloaezatovar@yahoo.com