Opinión

Francia y Estados Unidos

BANDERA

Por  Rodolfo Peña Farbel

Durante 300 años, los españoles, con denuedo, valor y empeño, formaron y constituyeron la nación mexicana, con una mezcla profunda y total con los nativos indígenas, biológica y espiritual, encuadrada en la civilización cristiana, que dio lugar a la mexicanidad que nos caracteriza y conforma nuestro ser integralmente.

Sin embargo, desde que los judíos que actuaban en Venecia descubrieron que los pueblos del norte de Europa, Inglaterra y Holanda eran más fáciles de manejar para sus planes permanentes de dominio mundial “como pueblo elegido por Dios”, decidieron trasladarse a esos lugares, a los que, de hecho, convirtieron en colonias judías, hasta el día de hoy, junto con su heredero Estados Unidos, prósperos y enriquecidos los tres deliberadamente, para ser usados como anzuelos ante los demás pueblos que envidien e imiten su “progreso” y adopten sus consignas ideológicas “modernas” y “progresistas”, disfrazadas con palabras seductoras, como un elevado idealismo que los tontos y los ignorantes adoptan con entusiasmo, como “iluminados”.

Así fueron usados muchos de nuestros “héroes” oficiales, en contra de nuestras raíces y valores tradicionales, encandilados, primero por las consignas de la revolución francesa y luego, de rebote, por el sistema político de los Estados Unidos republicano, representativo federal, que nunca ha funcionado ni ha sido entendido ni respetado como lo ordenan nuestras propias Leyes, pues es evidente que nuestros “legisladores” no legislan ni representan al pueblo de manera alguna, los gobernantes no gobiernan, los Jueces no juzgan, las provincias no son “estados”, ni los “tres poderes se contrapesan” ni se complementan, y los “estados” no son “soberanos”.

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