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Opinión

El Gran Salto Adelante

Por Francisco Martín

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“El Gran Salto Adelante” fue un plan quinquenal diseñado en 1958 por el Partido Comunista Chino para erradicar el flagelo del hambre. Se trataba de propuestas económicas, sociales y políticas para industrializar el país y reformar la agricultura, aprovechando el capital humano a falta de recursos económicos. Mao pretendía cambiar el modelo social, terminando con el dinero y la propiedad privada mediante su modelo de comunas. ¿Resultado? A los 3 años de su imposición arrojó, según diversos historiadores, un saldo de 30 millones de muertos, la mayoría niños de apenas de 10 años de edad, la más salvaje hambruna del siglo XX, producto del populismo, la ignorancia, la intolerancia y una brutal inhumanidad.

La docilidad de los campesinos chinos y el culto a la personalidad de Mao, esa proyección cuasi religiosa de líderes de la política, la admiración y el fanatismo que el pueblo sentía por su máximo líder, produjeron esa terrible inanición, el resultado de una cadena de errores políticos y económicos de atroces consecuencias sociales que escasamente conmovieron a la “Nomenklatura” china por miedo a la voz irrefutable del consagrado “chairman” Mao. ¿Cómo olvidar la sentencia dictada por Stalin, otro tirano de terrible recuerdo?: “Una sola muerte es una tragedia, un millón de muertes es estadística.” En México, los 650,000 muertos por la pandemia, los 106,000 homicidios dolosos en 3 años de 4T, o sea, el asesinato de un mexicano cada 15 minutos y los miles de pequeñitos muertos de cáncer a falta de quimioterapias, también forman parte de una estadística, según la apatía del gobierno y la indolencia de la sociedad.

Mao ordenó a los campesinos producir acero y granos de exportación para amortizar una deuda contraída con la URSS. Las cifras de producción de alimentos fue manipulada por las autoridades regionales para complacer a la dictadura maoísta, que aceptaba datos falsos hasta dar un salto inevitable, pero al vacío. El acero de pésima calidad habría de producirse en hornos artesanales, un esfuerzo inútil en razón de la mezcla de diferentes metales domésticos utilizados para su elaboración y peor aún: los campesinos no fueron capacitados para realizar tareas de fundición, que deberían llevarse a cabo en plantas siderúrgicas, pero Mao había prometido superar la producción acerera inglesa en menos de 15 años. Solo la realidad podría refutarlo. ¿Qué tal el ejido sin tractores ni capital ni tecnología?

Mao calificó a sus críticos de “demócratas burgueses” y de conspirar contra el partido, sin embargo, el desastre lo obligó a renunciar a la Presidencia de la República. A su salida se instauró una estrategia de liberalización orientada al cultivo de parcelas privadas para vender productos agrícolas en mercados rurales.

Mao luchó por recuperar el poder absoluto y, sin aceptar el fracaso -un dictador cuasi religioso debe ser infalible o perdería su sacratísima personalidad popular- acusó a sus críticos de ser agentes de “una ideología burguesa reaccionaria.” Acto seguido, publicó el “Libro Rojo” con sus principales discursos, y creó la Revolución Cultural, una purga ideológica que costó la vida de casi 40 mil personas que podían ser arrestadas, torturadas y fusiladas por haber escuchado, a título de ejemplo, una obra de Mozart. Se trataba de “luchar y aplastar a las personas que toman el camino capitalista, a las autoridades académicas burguesas reaccionarias, a la ideología de la burguesía y de todas las demás clases explotadoras.”

En 1976, a un mes de la muerte del tirano, la “Banda de los Cuatro”, ejecutores de la Revolución Cultural, incluida la esposa de Mao, fueron destituidos de sus cargos, juzgados y encarcelados.

Hoy en día, China ya se sacudió las políticas suicidas de Mao y está llamada a ser la primera potencia del orbe con sus obvios desafíos y peligros. ¡Cuánto puede dañarse una nación si un solo individuo delibera, decide y destruye el trabajo de generaciones por simples vacíos de su personalidad, odio y rencor!

Cuidado con los grandes saltos adelante o las transformaciones populistas involutivas que destruyen a países paralizados por el miedo o deslumbrados por promesas de imposible realización.

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