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¿Fue Jesucristo un revolucionario? (I)

POLITEIA

El papa Francisco recogió el guante lanzado por la clase política italiana. Dio una misa en San Pedro atendiendo una vieja petición de ministros de gobierno, subsecretarios, senadores y diputados, y se refirió en diversos pasajes a la lucha de Jesucristo contra una clase dirigente que se había distanciado de un pueblo oprimido y humillado.

Esta clase dirigente, dijo Jorge Bergoglio en su homilía durante la misa de Domingo de Ramos, "se había alejado del pueblo, interesada sólo en sus cosas, en su grupo, partido, tenían sus energías tan concentradas en otras cosas que no reconocieron al Mesías". Las palabras papales tienen la virtud de revivir el debate que va para los dos milenios sobre el papel histórico desempeñado por Cristo en la coyuntura que le tocó vivir, y en la construcción social de lo que conocemos como cristianismo.

Para alimentar ese debate periódicamente aparecen (re)interpretaciones sobre Jesucristo. Desde las que lo consideran un revolucionario hasta las que sostienen que era un hiperpacifista destinado a fracasar, pasando por las de romántico, soñador, idealista, temeroso e indeciso, desconocedor de la real politik, papel que se le asigna a Judas Iscariote, quien quería en la Tierra ese reino que Jesús sostenía no era de este mundo.

He leído en estos días un esclarecedor ensayo de Thomas de Quincey (1785-1859) sobre Judas en el libro Seres imaginarios y reales. De ese ensayo me interesa destacar sólo algunos aspectos: Judea vivía un fermento de las ideas revolucionarias, había una febril impaciencia ante la persistencia de la dominación romana y un temperamento insurreccional de la sociedad judía. Sólo hacía falta una mecha que los encendiera.

"Sólo faltaba un líder. Y este líder, que sólo debía aceptar su misión, era el fundador del cristianismo… las posibilidades de realización de este proyecto pasaban por y dependían de la figura de Cristo, ¿qué era lo que desde una perspectiva accesible a alguien como Judas, impedía la realización de este proyecto? Simple y obvio, era el carácter mismo de Cristo, sublimemente dotado para la especulación, pero… poco preparado para las decisiones y para la acción".

Pero con todo su realismo, dice De Quincey, Judas cometía errores de cálculo que no nacían de una perspectiva política, sino de una absoluta ceguera espiritual de un hombre que creía interpretar y entender mejor que nadie –incluso que el mismo Cristo— los deseos más íntimos de éste, y llevarlos a cabo con una energía "ausente en la habitual debilidad de carácter de Cristo".

Digamos que hay un consenso más o menos extendido en el sentido del carácter liberador de la lucha emprendida contra una potencia invasora como la de los romanos, pero también de lo estéril de una lucha pacífica –de ahí la presunta debilidad de carácter de Cristo– contra la ocupación. Era sin duda un líder carismático, con una gran capacidad de arrastre pero que no podía ofrecer en la tierra un proyecto de redención a sus seguidores.

Y en este terreno hay que distinguir entre el Cristo histórico y el Cristo de la fe, como dice Reza Aslan, profesor de la Universidad de California. Con relación a su disposición para el combate he aquí lo que sostiene este académico:

"Creo que Jesús estaba en un punto medio. La noción de Jesús como pacifista es tan equivocada como la de que pudo haber sido un guerrero violento. En realidad, era un hombre de contradicciones. Un día habla de la paz, al otro le dice a sus discípulos que se armen. Eso es precisamente lo que le hace tan interesante".

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