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¿Fue Jesucristo un revolucionario? (II)

POLITEIA

Concluí la primera parte de este artículo la semana pasada citando al profesor Reza Aslan, de la Universidad de California, Riverside, para quien Jesucristo no fue un pacifista ni un guerrero violento, aunque sí un hombre de contradicciones, y en abono a esta tesis dice que no se podía combatir la invasión del entonces imperio más poderoso del mundo con protestas pacíficas estilo Martin Luther King. No, dice Aslan, Cristo no era un hombre de protestas pacíficas.

Pero una y otra posición tiene defensores y detractores. Es una polémica abierta y seguramente habrán de pasar muchos años, siglos tal vez, sin que se aporten pruebas concluyentes en un sentido u otro. Aunque, como dije, hay un consenso extendido en el ámbito científico que reconoce su existencia y muchas de sus acciones, hay zonas de penumbra en las investigaciones que los propios Evangelios, con sus versiones en no pocos aspectos divergentes, han contribuido a mantener o profundizar.

En todo caso, como dice Rafael Aguirre, un especialista en el tema, de la Universidad de Deusto (País Vasco), Jesucristo "fue un líder carismático, es decir, con una autoridad basada en sus peculiares cualidades personales", esto es, no sustentada en la tradición, que no le ha sido heredada, y que no se vincula a disposiciones legales o títulos académicos.

Lo real, lo cierto, es que el por algunos llamado movimiento de Jesús desató en su tiempo expectativas sociales como ningún otro movimiento social de la época. Podría Jesús haber sido un soñador peligroso o un iluso fracasado, pero su liderazgo y autoridad moral y espiritual eran indudables, y de una personalidad compleja que difícilmente permite una definición por todos aceptada.

Pero Aslan hace planteamientos interesantes que alimentan el debate: la dicotomía entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. El Cristo de la fe, dice, "es una construcción teológica y puede significar lo que tú quieras que signifique. Si eres un hombre blanco que vive en los suburbios, entonces Cristo seguramente es un hombre blanco de los suburbios". Y añade:

"Si eres un campesino en los sembradíos de café guatemalteco, entonces Cristo puede ser un migrante que se levanta en armas contra el opresor. Por eso es que el cristianismo es tan grande, porque Cristo es algo tan maleable."

Es una tesis bastante heterodoxa, y por ello mismo bastante polémica frente a los cánones de interpretación del fenómeno. Luego le preguntan a Aslan: ¿qué diría Jesús de la iglesia actual? He aquí su respuesta:

"Sería un experimento divertido. Era judío, así que seguramente le desconcertaría el cristianismo. No sabría qué es el cristianismo. Lo primero que haría sería meterse a la sinagoga local. Ahí se sentiría en casa. Y le confundiría mucho la burocracia de la iglesia. No tendría elementos para siquiera entender el Vaticano y la riqueza y poder que se han vuelto el legado de un hombre cuyo ministerio estaba fundado precisamente en condenar la riqueza y el poder."

Riqueza y poder que ante una amplia representación de la clase política italiana criticó con dureza el papa Francisco el Domingo de Ramos, pero, ¡qué contrasentido!, de los que hace gala un poderoso hombre que sigue ocupando un lugar de privilegio en la nomenklatura católica: el cardenal Tarcisio Bertone.

Es esta iglesia pobre y para los pobres que defiende el papa Francisco la que se opone a quienes viven de una manera "untuosa, suntuosa y presuntuosa", como Bertone, quien ante las críticas se dice víctima de "una conjura de cuervos y víboras".

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