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Funcionarios del Riksbank llevaron a Suecia a una trampa

Un corresponsal me señaló recientemente una noticia de Suecia, que había dejado de coquetear con la deflación para meterse directamente en ella.

Es pasmoso: el país había logrado capotear bastante bien la reciente crisis financiera y no se enfrentaba a ninguna de las restricciones institucionales que le habría impuesto pertenecer a la zona euro. Sin embargo, de manera completamente gratuita, se las ingenió para caer en la trampa deflacionista.

En efecto, los funcionarios del Riksbank, el banco central del reino, aseguran que nadie hubiera podido prever esta situación. Pero, por supuesto, el mismo exvicegobernador del banco –y mi excolega–, Lars Svensson, advirtió el año pasado, de manera más o menos frenética, que el banco estaba cometiendo un terrible error al elevar las tasas de interés a pesar de la baja inflación y de los muchos tiempos muertos de la economía. Su recompensa fue un aislamiento creciente hasta que finalmente se fue. Ya se sabe, todos los FSMI –funcionarios suecos muy importantes– sabían que era vital elevar las tasas de interés porque, bueno, porque sí.

Y salir de esa trampa va a ser muy difícil.

Me gustaría imaginar que la gente va a admitir que Lars siempre tuvo razón y que, en general, el impulso de purgar ha sido muy destructivo. Pero más bien apuesto a que seguirá siendo considerado errado –el fue anti-deflacionista prematuramente– y que los abanderados de las restricciones monetarias seguirán siendo vistos como gente prudente y confiable aunque lleven a todos a un estancamiento de largo plazo.

SADOMONETARISMO

El desliz de Suecia en la deflación de hecho ofrece lecciones relevantes para todos nosotros.

Para empezar, es una lección objetiva sobre el poder del sadomonetarismo, el deseo de muchos funcionarios monetarios de elevar las tasas de interés simplemente porque sí. En 2010, Suecia tenía alto desempleo y baja inflación. La macroeconomía básica debió de indicarles que no era el momento de aumentar las tasas. Sin embargo, el Riksbank procedió a elevarlas de todos modos. ¿Por qué?

Ahora los funcionarios dicen que todo fue cosa de estabilidad financiera, de miedo a los excesos en el precio de las casas y en los préstamos. ¡Pero eso no es lo que dijeron en ese tiempo! Stefan Ingves, gobernador del Riksbank, sostuvo un chat en línea en diciembre de 2010, en el sitio Web de su institución, en el que declaró que elevar las tasas era por la inflación. "Si no se eleva ahora la tasa de interés", advirtió, "correremos el riesgo de que haya demasiada inflación más adelante. Eso no sería bueno para la economía. Nuestra tarea más importante es cumplir nuestra meta de inflación del 2 por ciento."

Es raro decirlo, pero cuando la inflación empezó a estar muy por debajo de la meta, el Riksbank simplemente siguió elevando las tasas y adoptó la justificación de la estabilidad financiera.

En segundo lugar, la experiencia de Suecia arroja luz en la controversia histórica sobre política en Estados Unidos. Hay un grupo sustancial de críticos de la Reserva Federal que insiste en que el ciclo de burbuja y explosión del decenio pasado fue culpa de la Reserva, por mantener las tasas de interés muy bajas por demasiado tiempo. Sin embargo, si lo observamos, alrededor de 2003-2004, la Reserva se enfrentó a una situación muy similar a la del Riksbank en 2010: el desempleo seguía alto pero estaba bajando, la inflación era baja y el precio de la vivienda estaba subiendo.

Entonces, lo que los críticos de la Reserva están diciendo es que el banco –que estaba preocupado por la inflación en ese tiempo– debió haber hecho lo que hizo el Riksbank. (¿Estarán seguros ahora de eso?)

Por último, la saga sueca es una sombría ilustración de los límites de la influencia intelectual. En la época en que se estaba descarrilando esa política, Svensson –uno de los macroeconomistas más destacados del mundo y, específicamente experto en riesgos de deflación y trampas de liquidez– era vicegobernador del Riksbank. Él protestó vigorosamente por el giro que estaba dando la política, y fue congelado completamente por sus colegas, convencidos de que sabían lo que estaban haciendo.

Y nótese que este no fue un caso en que sus colegas se aferraran a la ortodoxia económica mientras él proponía ideas radicales; no, él estaba presentando argumentos básicos del primer curso de macroeconomía, mientras ellos inventaban al vuelo justificaciones para restringir la política.