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Futbol y anexas

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Es ineludible hablar de futbol en estos días y, sobre todo, resulta inevitable aceptar que el fenómeno desatado por la Copa Mundial que se celebra en Brasil rebasa lo meramente deportivo. En efecto, se entreveran con el deporte mismo una serie de cuestiones políticas y hasta sociológicas que vale la pena comentar.

En lo deportivo, si bien arrancó con éxito el torneo mundialista a pesar de los malos augurios provocados por los diversos brotes de inconformidad social que se expresaron en Brasil durante las semanas previas –e incluso, aunque en menor medida, en los días recientes–, percibo que a la vez podría llamársele desde sus inicios "el Mundial de las sorpresas" por la caída, uno tras otro, de los países favoritos, además de la considerable diferencia de goles en los marcadores, como ocurrió en el duelo entre España y Holanda.

A la vez, encuentro otras expresiones significativas en el campo de la política. Por ejemplo, la airada reacción contra la presidenta Dilma Rousseff que tuvieron los asistentes al acto inaugural; es decir, el aprovechamiento de algunos grupos de la sociedad civil y sindicatos de trabajadores en la coyuntura del evento para atraer la atención, presionar y doblegar al gobierno a fin de que ceda a sus demandas, ya sea que se trate de medidas contra la carestía imperante o de aumentos salariales.

Por igual, ya se percibe una anticipación de las campañas electorales frente a las próximas elecciones que se celebrarán en octubre de este mismo año, y donde en principio, según se advierte, la presidenta ha perdido votos importantes. A no ser, claro está (y vuelve de tema futbolero), que el equipo brasileño se erija campeón del mundo, lo cual ya no se ve tan factible.

Y si nos adentramos en lo social o, diría yo, en lo propiamente sociológico, compruebo que aunque el fervor nacionalista persiste hoy con un entrecruzamiento de pasiones y hasta con dosis de fanatismo, en especial en los países que están representados por sus respectivas selecciones, no deja de apreciarse cierta mengua de tales nacionalismos, dada la globalidad que sella nuestro presente a lo largo y ancho del planeta. En otras palabras, que si bien celebramos una victoria o lamentamos una derrota, en este último caso no izamos a media asta la bandera como señal de luto nacional ni dramatizamos de más, y menos aún nos tiramos "a la borrachera y a la perdición", como dice una de las canciones de Felipe Valdés Leal.

Aceptamos, creo yo, con mayor conciencia, que se trata de un juego en el que no va de por medio el honor nacional, y sí, en cambio, es parte de la interacción de una comunidad fraternal que conformamos todas y cada una de las naciones y que, en todo caso, estamos hermanados en función de nuestro planeta como destino único, de orden esencial y prioritario para nuestra supervivencia y futuro.

Y no podemos dejar de considerar el filón que representa para la economía brasileña un flujo importante de capitales, sobre todo a través de los circuitos de las telecomunicaciones y el engrosamiento publicitario, además de que se desbordan por igual el consumismo y el furor adquisitivo de mercaderías que, más allá de que sea válido o no, marcan a su vez a la fiesta colectiva.

Y así podríamos ampliar y profundizar este el análisis en torno a las distintas variables que ruedan junto al balón futbolero, e incluso buscar el apoyo de otras disciplinas, como pueden ser la psicología o las ingenierías.

Pero quedémonos por lo pronto con las emociones y las experiencias gozosas que se desprenden de la justa deportiva para tomar un respiro, que bien lo necesitamos todas y todos en estas crisis que envuelven al mundo entero. Disfrutemos de buen futbol y gocemos con las emociones desatadas por los partidos. Ojalá eso nos permita retomar con mejor ánimo nuestras responsabilidades para enfrentar los retos y resolver los problemas personales y colectivos con ánimo, lucidez, solidaridad y responsabilidad compartida.

www.marthachapa.net