Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

Gabo y Gaba

En una columna publicada en el diario El País, el 8 de abril de 1981, a raíz de una inminente detención por parte del Ejército colombiano, que sospechaba que Gabo tenía supuestamente vínculos con el M-19, durante el gobierno de Julio César Turbay, Gabo deja bien claro el origen de las mentiras y artimañas de un "gobierno arrogante", respaldado "por un periódico demente (El Tiempo) cuyo raro destino, desde hace muchos años, es jugárselas por presidentes que detesta", razón por la cual Gabo decidió exiliarse en México. Entonces distintos funcionarios de gobierno quisieron explicar su intempestiva salida de Colombia: primero que se fue de su país "para darle mayor resonancia a mi próximo libro" y segundo: que si lo hizo, fue: "en apoyo de una campaña internacional para desprestigiar el país". Lo que más me gustó de su espléndida argumentación fue la forma en que se refiere, en varias ocasiones, a propósito de su esposa la Gaba, como también es conocida en Colombia: "Mi mérito mayor no es haber escrito mis libros, sino haber defendido mi tiempo para ayudar a Mercedes a criar bien a nuestros hijos".

En 1955, una mañana, le anunció el cartero de Barranquilla a la señora Barcha, que le llevaba una carta urgente a su hija Mercedes. El sobre venía de París, donde Gabo se encontraba viajando por toda Europa, como corresponsal de El Espectador. La hermosa joven de pómulos salientes y ojos brillantes y grandes como dos soles se quedó desconcertada al leer que si no tenía respuesta de su misiva, no regresaría a Colombia. Después de algunos días, Mercedes decidió contestarle, en el fondo le caía bien ese muchacho que había conocido a los 9, cuando él tenía 14 años. Le mostró la carta a su padre. "¿Es el muchacho que conociste hace muchos años en Magangué?", preguntó el boticario Demetrio Barcha Velilla. "El mismo, papá". "En seguida me di cuenta que es un muchacho demasiado soñador pero inteligente. Contéstale", le sugirió su papá. A partir de ese momento, se inició una correspondencia de amor, entre el Gabo y la Gaba. Al cabo de 3 años se casaron en Barranquilla, en la iglesia del Perpetuo Socorro. "Hagamos un acuerdo -le propuso la novia mientras terminaba un bocado del pastel cubierto de merengue- yo me ocupo del mundo real y tú mientras crea tus universos mágicos". Al novio le gustó tanto su propuesta, que le dijo: "En este momento te has convertido en una extensión de mi persona. Nuestro amor vivirá más de cien años y tendremos dos hijos tan inteligentes como su madre". Muchos años después, el autor diría en Crónica de una muerte anunciada: "Muchos sabían que en la inconsciencia de la parranda le propuse a Mercedes Barcha que se casara conmigo, cuando apenas había terminado la escuela primaria, tal como ella misma me lo recordó cuando nos casamos 14 años después".

En 1965, Gabo y Gaba llegaron a México. Gabo escribía y escribía; en tanto que Gaba iba y venía, de la mano con sus dos hijos pequeños, entre el panadero, el carnicero y el señor de las verduras de San Ángel, para suplicarles: "un poquito más de paciencia. Mi marido está a punto de terminar su novela. Seguro será un éxito. Y a los primeros que les vamos a pagar, son ustedes". Los marchantes se veían entre sí, como diciendo: "Ay, pobre mujer. Su marido no trabaja, lo único que hace es escribir en máquina cosas que nada más ve él en su cabeza, pero que no existen". Lo mismo le rogaba al señor de la papelería a quien le compraba, a crédito, paquetes de papel "bond". "Ay, doña Mercedes, creo que me debe como diez mil hojas", le comentaba el de la papelería. El más difícil de convencer era el casero. "Ya son varios meses, señora".

Dicen que cuando salió a la luz pública Cien años de soledad, tanto al panadero, el carnicero, el de las verduras, como al de la papelería les gustó tanto el libro, que ya no le quisieron cobrar su adeudo a la Gaba. El casero terminó por poner muy cerquita de la puerta de la entrada una placa que dice: "Aquí vivió un genio: Gabriel García Márquez".

Gaba sí cree en el destino y que existen las almas gemelas. Por eso desde que se fue Gabo, su gemelo, está "llena de tristeza", tras 56 años de casada. No obstante queremos pensar que en sus sueños, se verá bailando, muy contenta, rodeada de mariposas y rosas amarillas, el tema de Macondo, tal como bailaron en la fiesta de cumpleaños 85 de Gabo.

gloaezatovar@yahoo.com