Opinión

Adultos o niños: ¿cómo deseamos ser tratados?

LA HOGUERA

Por  Gabriel Yàñez Pérez

Mientras se preparara la reapertura, continúan las medidas de limpieza.(Foto: Xinhua)

Mientras se preparara la reapertura, continúan las medidas de limpieza. | Foto: Xinhua

Ante la amenaza de que la pandemia pueda prolongar el confinamiento mucho más de lo que inicialmente se tenía contemplado, surgen cada vez más voces discordantes con las medidas oficiales que se han venido tomando. La conexión global que hace posible el internet, ha permitido que cualquier ciudadano conozca las diferentes estrategias que a nivel mundial se han adoptado para afrontar esta contingencia. El problema es que muchas veces no investigamos a fondo y caemos en la tentación de hacer una especie de juicio sumario, lo que nos lleva a formular conclusiones anticipadas e imprecisas. Lo más peligroso es que dichas conclusiones nos pueden hacer adoptar actitudes equivocadas.

Inclusive, ha habido algunas personas que me han cuestionado en torno a la viabilidad de la mencionada “inmunidad de rebaño”, misma que en mayor o menor medida, han adoptado algunos países como Holanda o Suecia. Al respecto, me gustaría exponer algunas reflexiones:

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En primer lugar, ya quedó demostrado que dada las características particulares del COVID-19, recurrir a la inmunidad colectiva como una estrategia para generar anticuerpos de forma natural es sumamente arriesgado. Y es que, si bien la tasa de mortalidad de esta nueva cepa de coronavirus (comparada con la de otros virus) es relativamente baja (menos del 2 %), y la mayoría de los contagiados no presentan síntomas ni requieren atención hospitalaria, la prevalencia de contagio, que en medicina se identifica como número reproductivo básico (RO), tiene aún un comportamiento muy disímbolo. Además, no hay que perder de vista aquellos casos de personas “recuperadas” que han vuelto a dar positivo.

Por otra parte, para el caso del COVID-19 con un RO promedio de 3.28, para lograr una inmunidad colectiva capaz de cortar la transmisión y que el virus no encuentre fácilmente a una persona como vía de contagio, se tendría que infectar casi el 70 % de la población. Esto decir, que nuestro país alcanzara casi 90 millones de contagiados, y por consiguiente, si consideramos que el 20 % de estos requieren hospitalización, se tendría entonces que disponer de una capacidad hospitalaria para atender a 18 millones de pacientes solo por este padecimiento, algo que evidentemente es imposible.

Por todo lo anterior, traer como referencia a nuestra situación los casos de países como Suecia u Holanda resulta un tanto anodino o de poca utilidad, ya que además de la asimetría poblacional y de infraestructura hospitalaria (calidad y cantidad per cápita) que existe, pensar en exponer (sacrificar) a miles de personas a una muerte segura sería totalmente inhumano, aun cuando muchos manejan con displicencia y frialdad que es un porcentaje de mortandad mínimo o insignificante. Mi pregunta sería: ¿pensarán igual esas personas si dentro de ese “insignificante porcentaje” estuviera algún familiar o ser querido suyo?

En todo caso, esa desesperación que ya se manifiesta en la población por este prolongado confinamiento al que nos ha obligado la pandemia, deberíamos mejor traducirla en compromisos y actitudes que les demuestren a las autoridades que no deseamos ser tratados como niños sino como adultos. Con ello quiero decir que podemos recurrir a un confinamiento inteligente, algo que ya lo están haciendo muchos países, en donde las actividades cotidianas y la reactivación económica han empezado a fluir gradual y sostenidamente, eso sí, siempre en torno a un elemento indispensable: el comportamiento colectivo. 

Como lo señala muy acertadamente la diputada local Mónica López Hernández, necesitamos aplicar estrategias focalizadas que nos permitan reactivar las actividades económicas y poder pasar del “quédate en casa” al “cuídate tú mismo”. Esto implica, por tanto, asumir ese compromiso social que todavía vemos ausente, sobre todo cuando la población sigue haciendo caso omiso a las medidas de higiene básicas, o bien cuando se vuelca innecesariamente a situaciones que los hacen quedar expuestos al contagio. Y es que, ¿acaso hay alguna justificación para salir de casa cuando menos sin el cubrebocas? ¿Acaso es de verdad tan necesario comprar cerveza como para arremolinarse o dormir afuera de los expendios? ¿Cómo queremos entonces ser tratados por las medidas oficiales: como adultos o como niños? De nosotros y del “cuídate a ti mismo” dependerá salir lo antes posible de esta parálisis social.

VOLUNTAD POLÍTICA EN SINTONÍA. Esto es lo que pudimos apreciar en las decisiones tomadas recientemente, tanto por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, como por el gobernador del Estado, Quirino Ordaz Coppel. Y es que ambos mandatarios mostraron una gran sensibilidad social e inteligencia política, ya que para evitar suspicacias, tomaron la decisión de suspender aquellas acciones que últimamente causaron polémica, al interpretarse como violatorias al artículo 134 constitucional, cuyo penúltimo párrafo establece el carácter institucional que debe tener toda propaganda gubernamental, a efecto de evitar el uso de nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen la promoción personalizada de cualquier servidor público. En este tema debemos ser tolerantes y encontrar un punto medio, pues no existe en el mundo Gobierno alguno que renuncie a tener un distintivo que lo identifique con sus gobernados, máxime si su gestión, como sucede en nuestra entidad, es lo suficientemente buena como para alcanzar una aprobación mayoritaria de los ciudadanos.

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