Opinión

Banalización política: no caigamos en ese juego

LA HOGUERA

Por  Gabriel Yàñez Pérez

El escenario actual está dominado por una forma bizantina de hacer política, donde el debate de ideas ha cedido (o mejor dicho sucumbido) ante la exacerbación de un fanatismo irreflexivo.(Pixabay)

El escenario actual está dominado por una forma bizantina de hacer política, donde el debate de ideas ha cedido (o mejor dicho sucumbido) ante la exacerbación de un fanatismo irreflexivo. | Pixabay

Vaya espectáculo el que estamos viendo con los flamantes aspirantes a los diversos cargos de elección popular. Ya mucho hemos leído sobre cómo la banalización de la política ha sido caldo de cultivo para la proliferación del populismo, del radicalismo ideológico y de un discurso político anodino y reaccionario. Esto no es algo nuevo; de hecho, ha sido un proceso sistemático que ha evolucionado desde la masificación de la comunicación audiovisual. Sin embargo, es innegable que con la irrupción de las redes sociales, este fenómeno ha tenido un crecimiento exponencial en el que, bajo la lógica de la inmediatez del impacto político, es común escuchar señalamientos y acusaciones que incitan al morbo y a la especulación.

El escenario actual está dominado por una forma bizantina de hacer política, donde el debate de ideas ha cedido (o mejor dicho sucumbido) ante la exacerbación de un fanatismo irreflexivo, a través del cual el político, más que convencer con argumentos, lo que busca es inducir mediáticamente con estrategias basadas en el escándalo y la denostación. 

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Sabemos que la política implica pasión, pero ello no debe traducirse en posturas radicales o maniqueístas que desdeñen el razonamiento y el sentido común.

Sucumbir ante esta práctica implica caer en el juego de aquel político que a falta de ideas y propuestas, hace de la política todo un reality show, cuyo propósito es llevar la contienda al ámbito de las apariencias y el engaño, ya que es ahí donde le es más fácil ocultar sus limitaciones e intereses.

Dentro de muy poco quedará definido el abanico de opciones ante el cual podremos optar para elegir gobernador, legisladores y alcaldes. Esperemos que una vez definido el tablero electoral mejore el nivel de la contienda, ya que lo que hemos visto hasta ahora es una penosa exhibición de oportunismos, agravios y revanchismos que pintan de cuerpo entero a sus protagonistas. 

Lo cierto es que muchos de quienes están asomando la cabeza no garantizan que las cosas vayan a mejorar. Ahí tiene usted a la mayoría de alcaldes y diputados que ya le agarraron gusto al poder y ahora quieren repetir… como si el electorado viviéramos en otra realidad y no estuviéramos enterados del penoso papel que han hecho.

Por otra parte, vemos a exfuncionarios desbocados por seguir viviendo del erario público, algunos buscando cobijo donde sea y otros criticando acremente lo que hasta hace pocos meses alababan. Esto debe darnos elementos suficientes para entender que solo buscan el poder por el poder, aun y cuando esto les signifique caer en la incongruencia y la deslealtad.

Bien lo señala Carlos Granés, el prestigiado antropólogo colombiano que protagonizó aquella famosa entrevista con Mario Vargas Llosa (en el 2017) y autor, entre otros, del libro Salvajes de una nueva época, quien cuando aborda la contracultura desde la levedad intelectual y la polarización social, nos señala también que estamos ante “una política cada vez más estetizada y una nueva estirpe de aspirantes al poder dispuestos a utilizar el desplante y la incorrección como efectiva estrategia publicitaria”. Esta decadente forma de hacer política que pugna por el espectáculo y el escándalo para la manipulación y el dominio, es algo en la que todos contribuimos. Y es que al seguirles el juego a estos personajes proclives a la politiquería, nos convertimos, como dice Granés, no solo en consumidores sino también en artífices de la banalización política.

Como electores, nuestra fuerza se verá reflejada en la medida en que analicemos bien la oferta electoral y no caigamos en la seducción de quienes banalizan la política. El llamado de todos debe ser a evitar dilapidar nuestro sufragio y no depositar nuestra confianza en quienes no cuentan con una suficiente preparación y una buena hoja de vida, o bien, en quienes ya han tenido el poder y han hecho de todo menos una buena gestión. Lo que ocupamos son candidatos serios y con prestigio. Así que muy atentos a la oferta política, elijamos bien y no nos dejemos llevar por esos show man de la política.

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