Opinión

El voto reflexivo y las campañas sucias

LA HOGUERA

Por  Gabriel Yàñez Pérez

Conforme aumenta la efervescencia en el escenario político local, vemos cómo un gran número de aspirantes, algunos con amplia trayectoria y otros no tanta, aparecen de repente encabezando encuestas y recorriendo el Estado, dejando al descubierto sus ambiciones y lanzando en algunas ocasiones y sin la menor prudencia señalamientos o ataques (directos o soterrados) hacia quienes consideran pueden representarles una competencia. Ante este escenario, en otras ocasiones he comentado que ante el próximo proceso electoral, tenemos que empezar desde ahora a ser más críticos y reflexivos de toda la propaganda electoral que nos está llegando de manera anticipada y sin ninguna regulación.

Dentro de esa labor de escrutinio está por supuesto el saber diferenciar lo que son las campañas negativas de las campañas sucias. Las campañas negativas han estado siempre presentes en todos los sistemas electivos democráticos; sin embargo, una cosa es destacar los defectos del adversario con información fidedigna para minar su posicionamiento, y otra muy distinta es socavar su reputación con una guerra sucia, donde las campañas se centran en ofensas y se recurre a la calumnia o a la tergiversación informativa que daña no solo la imagen política de la persona, sino que generalmente tiende a dañar también su vida privada o familiar.

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A final de cuentas, lo negativo siempre se ha usado como una herramienta importante para debilitar al oponente y atraer la atención de los medios. Con ello se busca orientar el interés de la opinión pública hacia lo conflictivo, que si bien no trasciende como información, siempre genera un amplio margen para la especulación.

Pero en los últimos días, y a pesar de que no hay aún definiciones claras sobre las candidaturas, lo que hemos visto es que ya empezaron a aparecer este tipo de campañas sucias, las cuales buscan manipular la percepción de tal o cual personaje que aspira a ser tomado en cuenta para abanderar una candidatura. La responsabilidad y el reto que tenemos radican precisamente en cribar la información que nos llega, a fin de no apresurarnos y adoptar una idea errónea que pueda predisponernos una vez llegadas las campañas formales.

No hay que perder de vista que una campaña sucia distorsiona la realidad, inventa y atribuye cosas que no son reales, en donde el único objetivo es dañar al otro sin importar los medios ni las consecuencias. Aquí es cuando entra nuestra capacidad de discernir y separar eso que puede ilustrarnos y quitarnos un velo, de aquello que busca engañarnos sin ningún deparo por la ética, la dignidad o el decoro. Para lograr lo anterior, debemos como electores preguntarnos qué información nos sirve para formarnos una percepción objetiva, a fin de evitar caer en el juego de las campañas sucias que buscan motivar y convencer sin sustento, y encaminarnos hacia una limitada y dicotómica visión de quién es el bueno y quién el malo. 

Para allegarnos información útil y descartar la basura que arrastran las campañas sucias, basta indagar sobre la trayectoria profesional de esa persona que aspira a ser electo; cuáles han sido sus responsabilidades anteriores; qué aportaciones ha dejado en ellas; cuáles son sus propuestas (no sus promesas); cómo pretende materializar sus ideas y proyectos; cuál es su modo de vida y si éste corresponde con su historia personal. 

Todos estos aspectos serán cruciales para quien decida aparecer como candidato en el 2021. Como electorado, nos hemos dado cuenta que tan perjudicial es votar por conveniencia y apatía, como por venganza y hartazgo. El voto crítico, reflexivo y razonado elevará nuestra cultura democrática e impedirá que siga vigente ese entramado de seducción y coacción electoral, donde el triunfo en las urnas depende en gran medida de las siglas partidistas, del poder económico, del carisma y atributos personales o de una elocuente retórica discursiva.

Dentro de los cuadros serios y con posibilidades que se manejan para la sucesión gubernamental todos tienen sus cualidades y sus defectos. La clave será analizar muy bien esas cualidades y ponderar en su justa dimensión sus defectos. Esto último implica no distraernos o perder el tiempo en campañas sucias, mismas que sólo desacreditan la competencia y arraigan aún más esa desafección política que hoy, según las últimas encuestas, mantiene en la indecisión y apatía a casi el 30 % del electorado.

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