Opinión

Estrategias erróneas

LA HOGUERA

Por  Gabriel Yàñez Pérez

Enrique Alfaro, Andrés Manuel López Obrador y Quirino Ordaz Coppel(Foto: El Debate / Reforma)

Enrique Alfaro, Andrés Manuel López Obrador y Quirino Ordaz Coppel | Foto: El Debate / Reforma

1.- La de algunos gobernadores quienes, de cara al próximo proceso electoral, han buscado ganar réditos electorales a través de la confrontación y la grilla, renunciando con ello a la opción más rentable para mantener hoy en día un verdadero control político: trabajo, compromiso y apertura social. Muestra de lo anterior es el posicionamiento asumido por el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, quien al darse cuenta de que la lucha (justa y necesaria) por un nuevo arreglo fiscal federalista llevará su tiempo en consolidarse, inició entonces una campal batalla contra el Gobierno federal para tratar de victimizarse y eludir así su responsabilidad de mantener la gobernabilidad en su estado. El lamentable caso del joven Giovanni López, asesinado a golpes en esa entidad después de ser arrestado, detonó un legítimo movimiento social que le exige al gobernador Alfaro que en lugar de repartir culpas, asuma la suya y actúe de inmediato para aclarar ese hecho y sancionar a los culpables. Ante esta situación, lo dijo y lo dijo bien el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien al responderle al mandatario jalisciense le señaló que “como autoridad debe cuidar sus palabras, evitando la politiquería y actuando de manera responsable”. Aun cuando hubo una retractación de lo dicho, la imagen de este gobernador sigue en picada, contrario a lo que sucede en otras entidades como la nuestra, donde gobernadores como Quirino Ordaz Coppel han optado por dedicarse a trabajar de tiempo completo, manteniendo una estrecha coordinación institucional con el Gobierno federal, a fin de potencializar sus acciones y respaldar sus decisiones. Lo dicho, lo de Quirino, no es la confrontación ni la simulación, sino la suma de voluntades y el ver cómo sí se pueden hacer las cosas. Bien reza el refrán que “se atrapan más moscas con una gota de miel que con un barril de hiel”.

2.- La del Gobierno federal en insistir con la entrega directa de recursos públicos para acciones que implican la construcción o edificación de bienes inmuebles. En alguna ocasión comentamos lo riesgoso que era desaparecer el Instituto Nacional de Infraestructura Física Educativa (Inifed), ya que no era prudente entregar dinero a grupos de padres de familia (llamados Comités de Administración Escolar), para que ellos se encargaran de edificar aulas, techumbres, baños, etc. Y es que además de que los montos asignados resultan a todas luces insuficientes, está la falta de mecanismos de control y transparencia, además por supuesto del evidente riesgo en la calidad de las construcciones. En esta misma tesitura se encontraría el Infonavit, de concretarse la propuesta de radicar sus créditos (préstamos) directamente a los beneficiarios para que ellos mismos se encarguen de edificar sus viviendas. Si bien se ha dicho que este sistema aplicaría en las zonas rurales, no dejaría de ser un riesgo para sus moradores por la ausencia de una supervisión técnica constructiva, así como un serio obstáculo a las políticas de planeación urbana que buscan optimizar el desarrollo de nuevos asentamientos.

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3.- La de algunos partidos políticos que siguen barajando como prospectos para el próximo proceso electoral, a los mismos cartuchos quemados de siempre. Es un hecho que a pesar de que en los últimos meses, la figura del presidente de nuestro país y del partido que lo llevó al poder ha venido sufriendo un vertiginoso desgaste, las últimas encuestas aún siguen manteniendo a Morena como puntero. Sin embargo, dicha ventaja es ahora más volátil que nunca, por lo que nadie puede cantar victoria, ya que si algo seguro hay, es que no se repetirá el voto a ciegas de cruzar un recuadro sin ni siquiera saber el nombre del candidato. Esta forma de votar les otorgó una gran oportunidad a muchos, pero no todos han sabido capitalizarla, de ahí que para algunos será sin duda debut y despedida. Lo cierto es que de aquí al día de la elección aún falta tiempo, por lo menos el suficiente para que algunos (partidos y aspirantes) puedan repuntar o, en su defecto, desplomarse totalmente. Además de la inminente alianza electoral que se augura, el otro factor determinante será la selección de sus candidatos, sobre todo en aquellos partidos políticos que mantienen vigente una animadversión ciudadana a sus siglas. La apuesta deberá ser por un equilibrio muy bien pensado y decantado entre cuadros con experiencia y aquellos rostros nuevos que han irrumpido con éxito gracias su eficiente desempeño en las posiciones que actualmente ocupan. A final de cuentas y con tantas experiencias vividas, el electorado ahora seguramente valorará más la hoja de vida y los logros de los aspirantes, que sus atributos físicos, dotes artísticos o posturas mesiánicas. 

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