Opinión

La congruencia y el debate de ideas: principales activos de un candidato

LA HOGUERA

Por  Gabriel Yàñez Pérez

Hay quienes advierten una fuerte polarización que reducirá las opciones del electorado.(Pixabay)

Hay quienes advierten una fuerte polarización que reducirá las opciones del electorado. | Pixabay

Como todo en la vida, se necesita ser congruente para tener esa autoridad moral que justifique nuestro ser, hacer y decir. Ahora que nos acercamos cada vez más a ese día en que habremos de depositar nuestro voto, eligiendo a quienes nos gobernarán y representarán durante los siguientes seis o tres años, es fundamental reflexionar sobre la virtud de la congruencia e indagar quiénes de los candidatos y candidatas que se nos presentan realmente la poseen. Y es que como sucede en todo el mundo, pocos, muy pocos son los políticos que hacen gala de esta virtud y se mantienen inmutables ante las tentaciones del poder. Esto es quizá el elemento que más honra la trayectoria de un personaje público.

Dentro de las personas que están siendo designadas por los partidos políticos como sus abanderados, muchos de ellos son, como ya se ha mencionado, verdaderos cartuchos quemados que no nos ofrecen nada nuevo y que, desgraciadamente, siguen enquistados en el poder sin dejar que surjan nuevos rostros como parte de una clase política diferente. Pero como en todo lo malo siempre hay algo bueno, la ventaja que tenemos como electores es que nos resulta más fácil revisar y evaluar la trayectoria de esos candidatos reciclados, los mismos que ya han estado en infinidad de puestos públicos y en muchos de los casos con mediocres desempeños. Sin embargo, hoy vuelven al ruedo aludiendo a nuestra amnesia o desmemoria social, erigiéndose con total cinismo como quienes son los únicos capaces de remediar todos nuestros problemas.

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Ante este restringido abanico de opciones, hay incluso quienes advierten una fuerte polarización que reducirá las opciones del electorado, llegando incluso a ponernos frente dos posturas antagónicas, en donde el voto se moverá entre el castigo o la lealtad hacia el “proyecto de nación” de quienes están direccionando el rumbo que lleva el país. En lo personal creo que no es sano una restricción tan extremista o maniquea de nuestras opciones, pues ante una limitada oferta electoral y con la clara percepción de que ahora los nombres pesan más que las siglas, la obligación de todos (autoridades, empresariado, medios, líderes de opinión, etc.) debe ser pugnar por la promoción de un voto reflexivo y diferenciado, es decir, un voto más bien cerebral y no tanto visceral, a través del cual se pondere la congruencia, el conocimiento y un irrestricto respeto al valor de las ideas. Como en alguna ocasión le escuchamos decir al Dip. Sergio Jacobo Gutiérrez, “lo que se requiere en la política es ser asertivos, donde más allá de las estructuras partidistas e imagen de los candidatos, lo que se debe privilegiar es el debate de ideas, donde priven las razones, los argumentos y las mejores propuestas”. Y por mejores propuestas entendamos aquellas que son viables y que en muchos de los casos requieren de una perspectiva de largo plazo, contrario a la visión populista de quien siempre ofrece para todos los problemas soluciones rápidas y fáciles, sin deparar si estos son coyunturales o estructurales.

Lo que queremos entonces es escuchar propuestas para corregir o mejorar lo que se ha hecho según sus resultados, y no simples ataques y repartición de culpas. Circunscribirnos a un antagonismo ideológico dual, es tanto como limitar nuestras opciones y validar aquella percepción pesimista de que no nos queda de otra más que votar por el menos peor. Por esta razón considero que cobra sustancial relevancia la iniciativa (campaña) de la Coparmex denominada “Votemos por los mejores”, lo que a decir de la titular de ese organismo, Edna Fong Payán, se trata de concientizar a la ciudadanía para ser más activos y reflexivos sobre el presente proceso electoral, a efecto de analizar más detenidamente el perfil de los candidatos y candidatas. Como bien lo describió esta dirigente empresarial y en alusión a lo que he mencionado líneas arriba, “es muy desgastante observar la participación de los mismos candidatos, únicamente cambiando de puestos frecuentemente, incluso cuando la ciudadanía conoce los antecedentes de cada uno de ellos”.

Por lo pronto, todo candidato o candidata que se asuma como una persona congruente deberá empezar por hacer pública su 3 de 3, es decir, sus declaraciones patrimonial, fiscal y de interés. Con este tipo de requisitos legales que surgieron como demandas ciudadanas, lo que se busca no es satanizar el patrimonio de los políticos, pero sí develar su origen. Que el político sea rico o pobre no es el tema, lo que debemos saber es si esa riqueza la hizo al amparo del poder. Recordemos que así como hay muchos que le entran a la política siendo exitosos empresarios o gente de basta solvencia económica, hay otros más que llegan a una responsabilidad pública con un modesto patrimonio, pero después de un trienio o un sexenio resulta que lograron amasar una fortuna que ni con 100 años de su sueldo les sería posible. Por eso es que también nuestro llamado imparcial es (y será siempre) a revisar perfiles y optar por los candidatos o candidatas que consideremos los mejores.

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