Opinión

Nativos digitales pero no partidarios

LA HOGUERA

Por  Gabriel Yàñez Pérez

Un joven utilizando su celular.(Foto: El Debate / Marco Ruiz)

Un joven utilizando su celular. | Foto: El Debate / Marco Ruiz

En México, los cerca de 27 millones de jóvenes de entre los 18 y 29 años, representan, electoralmente hablando, el segmento más fértil pero a la vez el más complicado. Al margen de su identificación o acotamiento generacional (milenials y centenials), este grupo poblacional destaca por sus habilidades tecnológicas e hiperconectividad (nativos digitales). A la mayoría de dicho estrato social, que representa cerca del 60 % de la fuerza laboral de nuestro país, no les interesan mucho los temas políticos y electorales, ya que no son nativos partidarios de alguna causa ni arrastran una ascendencia partidista que los hagan volcarse a las urnas. Inclusive, su nivel de abstencionismo llega a superar el 50 %. 

Conforme la edad disminuye en estos jóvenes, ese abstencionismo aumenta, ya que no encuentran un asidero ideológico que los haga entusiasmarse con tal o cual oferta electoral. Pretender acercarse a ellos con discursos basados en filosofías políticas no es el mejor camino. Estas nuevas generaciones son reacias a hablar de esos temas, ya que a muchos de ellos, fueron sus propios progenitores quienes se encargaron de inculcarles una animadversión tal, que hoy por hoy los lleva a ser displicentes con esta actividad e, incluso, hasta satanizar a todos quienes la ejercen. Este rechazo aumenta cuando se trata de aquellos partidos políticos tradicionales, a los que maliciosa y deliberadamente se les adjudica la patente de todo vestigio de corrupción.

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Por estas razones, dilucidar la manera en que se puede llegar a este sector del electorado es sumamente complicado, sobre todo para quienes pertenecen a una cierta casta política, esa a la que los jóvenes ven con algo de recelo por la enorme brecha generacional que los separa. 

En los próximos meses veremos la capacidad de renovación que pueden demostrar los políticos, sobre todo aquellos de larga trayectoria, ya que no será tarea fácil afrontar el enorme desafío que les representa poder empatizar con los gustos, preferencias y metas que persiguen los adolescentes de hoy. 

Lo anterior resultará algo sin duda muy complicado, ya que por una parte, este segmento de la población parece haber adquirido cierta inmunidad a la retórica trillada de esos manidos discursos políticos de siempre, donde se suele prometer a diestra y siniestra. Y por otro lado, está por supuesto el ineludible escenario de las redes sociales, las cuales si bien representan la mejor vía de interlocución, prevalece en ellas un enorme ambiente de frivolidad e ironía, lo que potencializa el uso de mensajes falsos que sirven como armas para los contraataques y la guerra sucia. En estas contracampañas virtuales, aun cuando el impacto es genérico, este se resiente con mayor incidencia en el segmento de los indecisos, mismo que se conforma principalmente por un electorado joven, el cual encuentra en ellas otra forma de manifestar su desencanto o apatía.

Para las próximas campañas, además de la masificación en el uso de las redes sociales, todos los partidos políticos (sin excepción) tendrán que realizar tamizajes muy focalizados en los estratos juveniles, a fin de postular a quienes puedan identificarse con ellos y abanderar sus proyectos de vida. Se dice fácil pero el reto es enorme. 

REVELACIÓN. Siguiendo con las caras nuevas de las que hemos venido hablando, y que con empuje y determinación se asoman fuerte para ser tomados en cuenta en el 2021, hoy quiero hacer mención del actual director de Cobaes, Sergio Mario Arredondo Salas, quien ha entendido a la perfección esa dinámica en la que se mueven los jóvenes. Sergio Mario es un funcionario que a pesar de ser muy joven, posee una enorme preparación académica y, lo más relevante, ha logrado ser empático con los jóvenes, atendiendo sus necesidades e impulsando sus habilidades. El sistema de bachillerato Cobaes ha sufrido en la presente administración del gobernador Quirino Ordaz Coppel una verdadera transformación, a grado tal que el prestigio académico y las mejoras en las instalaciones de las que hoy gozan sus planteles es reconocido por los propios padres de familia. A final de cuentas, los mejores jueces, ¿no lo cree usted?

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