Opinión

¿Y si el futuro ya nos alcanzó?

LA HOGUERA

Por  Gabriel Yàñez Pérez

Aspectos de sequías en el campo agrícola que imposibilita la producción de comida.(Foto ilustrativa El Debate)

Aspectos de sequías en el campo agrícola que imposibilita la producción de comida. | Foto ilustrativa El Debate

Con este impase forzado, tuve la oportunidad de ver una película que, cuando niño, no me llamó mucho la atención. Sin embargo, con muchos más años encima y en el contexto de una contingencia sanitaria que en menos de cinco meses ha transformado la forma de vida a la que estábamos acostumbrados, al verla de nuevo nos resulta hoy mucho más interesante y aleccionadora. Me refiero a la cinta Soylent green de 1973, protagonizada por Charlton Heston e intitulada en español como "Cuando el destino nos alcance".

La historia de este filme, que retoma como base la novela Make room! Make room! de Harry Harrison (1966), tergiversa, como suele suceder con las adaptaciones cinematográficas, la historia original del texto de Harrison. De cualquier manera, el largometraje es intrigante por la forma en que le aderezan a la trama una dosis de canibalismo y, por consiguiente, un dilema ético-moral.

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Retomando esta historia futurista de ciencia ficción, situada nada más y nada menos que a dos años de distancia de nuestro presente, supongamos por un momento que ese futuro distópico se encuentra a la vuelta de la esquina, donde más que la sobrepoblación (proyectada en la novela) y los efectos del calentamiento global, es la llegada del COVID-19 lo que pone ahora en vilo la supervivencia del hombre. 
Imaginemos entonces que estamos ya en ese fatídico 2022.

A la par del desarrollo de una variedad de vacunas por diversas partes del mundo, con el paso del tiempo se fue adquiriendo también una especie de inmunidad natural, lo que nos mantiene fuera de peligro de aquel famoso coronavirus, mismo que se extendió por el mundo desde Wuham, China, hace poco más de dos años. Sin embargo, las calamidades apenas comienzan, ya que la ausencia de un adecuado confinamiento de millones de cubrebocas, guantes y demás insumos médicos portadores del virus, originó que hoy nuestros mares y mantos freáticos se encuentren totalmente contaminados. Por consiguiente, la fauna marina ya no es comestible y tampoco es posible mantener hatos en pie por la escasez de agua limpia, la cual solo se alcanza a potabilizar para consumo humano. El panorama que avizora es de una hambruna generalizada por la escasez de alimentos veganos y la imposibilidad de acceder a productos cárnicos de origen animal. Ante esta situación y una vez comprobada la inmunidad al virus en el mapa genético del ser humano, Vizsoy Corporation, un consorcio internacional con filiales por todo el mundo, ha descubierto un proceso para desarrollar una clonación acelerada y poder criar, a manera de ganado, especies humanas (únicas inmunes) que puedan servir como alimento para la población. Ante esta alternativa, la disyuntiva social se sumerge como nunca se había visto en un verdadero dilema existencial: ¿podremos sopesar el conflicto moral interno de consumir carne humana para no morir de hambre?

Lo anterior, si bien es una proyección extrema y fatalista producto de mi imaginación adaptada al momento actual, la realidad es que a causa de las múltiples repercusiones que desde ahora estamos padeciendo por culpa de esta pandemia, aún no hemos sido capaces de voltear a ver qué pasará con todo ese material contaminado que ha tenido un crecimiento exponencial para la protección personal.

Lo estamos viendo ya inclusive, al no tener un adecuado confinamiento, estos deshechos se acumularán irremediablemente en tiraderos de basura y en cuerpos de agua. Ante ello cabe preguntarnos: ¿Es posible que se dé otra mutación del virus, capaz de reinfectar al ser humano o afectar a otras especies con las que convivimos o de las que nos alimentamos?...Vaya usted a saber.

TECNOLOGÍA INNOVADORA. Y siguiendo con el tema, hace como un mes escribí sobre las asimetrías tecnológicas que existen entre los países y que repercuten en la forma de afrontar la pandemia. Pues bien, así como en esa ocasión hablamos de los recursos que en este rubro posee Corea del Sur; hoy me complace saber que como consecuencia del proceso de innovación tecnológica que ha colocado a Sinaloa como punta de lanza a nivel nacional, se puso en marcha la aplicación digital móvil Asistente COVID-19. Con esta herramienta informática podremos, como usuarios, conocer el riesgo de contacto con polígonos de personas contagiadas, ubicando en distancia (metros) lugares donde se encuentran casos positivos. Otro logro más a cargo de la Secretaría de Innovación Gubernamental que conduce con gran eficiencia el popular Pepe Chuy Gálvez.

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