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Opinión

Galería Frida Kahlo

Por: Marco Antonio Berrelleza

El 8 de mayo de 1997, la Galería Frida Kahlo llega al local que en la actualidad ocupa, en la esquina de las calles Teófilo Noris y Ángel Flores, en una casa que fue construida a fines del siglo 19.
En 1997, el Gobierno del Estado, encabezado por Francisco Labastida Ochoa, emprendió varios proyectos de remodelación de algunos edificios históricos de la ciudad, entre otros el viejo Palacio de Gobierno y posteriormente el Palacio Municipal, convertido a partir de entonces en el Museo de Arte de Sinaloa, por la calle Rafael Buelna.
En ese año, la plazuela Rosales estaba bajo la administración de la Universidad Autónoma de Sinaloa, mediante una concesión que databa desde 1963. Yo recuerdo que en los años 70 se encontraba en el kiosco de la plazuela techado y con planta alta: la librería universitaria, la que al desaparecer la parte alta pasó a ser ocupada por el departamento de Construcción y Mantenimiento.
Más tarde, en la parte baja nace la Galería Frida Kahlo, exclusivamente para exposiciones.
Teniendo como mediador al presidente municipal de Culiacán, Humberto Gómez Campaña, que al fin y al cabo la plaza pertenecía al Ayuntamiento de la ciudad, el Gobierno del Estado entra en conversaciones con las autoridades universitarias, con el objetivo de recuperar la plazuela. Luego viene el cambalache, desocupar la plaza a cambio del edificio que hoy ocupa.