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Ganando pierde

BAJO LA LUPA

El asunto del despido de Ricardo Antonio Lavolpe tiene todavía mucha cuerda. Lo único cierto hasta el momento, es el desaseo en las formas con que se han conducido todos los involucrados.

Lo primero es preguntarse el por qué el entrenador del primer equipo tiene que presentarse en el área de trabajo de la podóloga del club, para supuestamente investigar si esta daba masajes a los jugadores, sólo en su alma y ataviado con una toalla sin nada debajo más que sus miserias. Pienso que el procedimiento normal, era citar a la empleada del staff en la oficina de algún alto directivo para plantear cualquier tipo de duda.

Luego, viene la queja de la señorita Belén Coronado, la cual creo que nadie tiene derecho a poner en duda, respecto a lo que pudo suceder en ese encuentro que, conociendo al "bigotón", pudo ir desde los insultos hasta el extremo que la dama en cuestión ha denunciado.

Después viene el dictamen, con aires de linchamiento mediático, que hace Jorge Vergara del estratega al anunciar su despido sin haber hablado con él. Lo lógico, creo yo, es que lo primero para tomar una decisión de ese tamaño es la información y parte fundamental de ella, era por lo menos conocer la versión de Ricardo.

Lavolpe contraataca con una conferencia de prensa donde dice ignorar de qué se le acusa pero se presenta con un abogado. Su argumentación consiste en denunciar el cochinero que existe en Chivas desde el punto de vista administrativo, pero jamás hace una defensa vehemente de su persona o, por lo menos, una argumentación convincente de su inocencia, salvo las lágrimas derramadas al final de la misma. También existe la presunción de que el entrenador firmó un finiquito.

La señorita Coronado presentó una denuncia ante la unidad de investigación contra delitos de trata de personas, mujer, menores y delitos sexuales de la procuraduría tapatía; en ella narra cómo Ricardo Antonio la trató y los hechos que pueden tener carácter de delito.

El problema radica, en mi opinión, en que Belén cruzó una frontera altamente peligrosa en un país de un perfil absolutamente machista. Por supuesto que aplaudo su valentía y el apoyo de la institución si los hechos sucedieron como ella los narra. La bronca es que, como en miles de casos similares que suceden a diario en empresas, negocios o hasta en la familia, es que es SU DICHO contra el del presunto agresor y el linchamiento social no se hace esperar.

"Si le pegó el marido, algo le ha de haber hecho"; "si la violaron, ella lo provocó"; "si la acosó el jefe, es por la forma en que se viste", y por el estilo, se estigmatiza a la víctima en lugar de protegerla, sobre todo como en este caso, que el código penal correspondiente considera como delito "no grave".

Ojalá prevalezca la justicia, pero pienso que Belén Coronado… Ganando, pierde.