Opinión

Gendarmería: algunas reflexiones

Por: Alejandro Hope Pinzón

Se tardó, pero llegó finalmente. La Gendarmería fue presentada la semana pasada. Según el presidente de la República, se trata de un "un nuevo e innovador modelo de seguridad ciudadana y operación policial en el país", que contribuirá "a contener y desarticular aquellas organizaciones delincuenciales que minan la actividad económica."

Sobre el tema, se ha comentado mucho ya, pero van algunas reflexiones tentativas:

1. La Gendarmería no es gendarmería. No al menos en la acepción habitual del término: un cuerpo de seguridad a) con origen y estructura militar, b) independiente de la policía, y c) con funciones de aplicación de la ley y mantenimiento del orden público. El nuevo ente no tiene las dos primeras características. Llamar elefante a una jirafa no la convierte en paquidermo.

2. El presidente Peña Nieto no ha cumplido su compromiso de campaña. No prometió crear algo que llevara el nombre de Gendarmería. En abril de 2012, propuso establecer una corporación de 40,000 elementos, provenientes de las fuerzas armadas, distinta a la Policía Federal, para "apoyar a los municipios de gran debilidad institucional ". Eso no fue lo que se presentó el viernes pasado.

3. El incumplimiento de la promesa de campaña es buena noticia. La idea original era un disparate. Ponerla en práctica hubiese requerido una cirugía constitucional y legal mayúscula, así como resarcir a las fuerzas armadas por la tropa y el presupuesto perdido. Por otra parte, hubiera creado una disputa jurisdiccional permanente con la Policía Federal. Esos problemas se resuelven ubicando a la Gendarmería dentro la Policía Federal. Además, se apuesta por la continuidad en la construcción institucional.

4. Con la Gendarmería, se puso la carreta delante de los bueyes. Primero se decidió su creación, luego inició el reclutamiento, y sólo al final se definió su objetivo. La misión que presuntamente tendrá la Gendarmería -proteger los ciclos productivos- no fue mencionada por ningún funcionario durante el primer año de gobierno. No fue sino hasta la intervención federal en Michoacán a inicios de este año cuando surgió el tema. Para ese momento, miles de cadetes ya estaban siendo capacitados. Esa secuencia invertida sugiere que la formación de la Gendarmería tuvo desde el inicio una lógica más política que operativa: si el Presidente la había prometido, había que crearla, aunque no se supiera cuál era el propósito.

5. No queda claro que van a hacer en específico los gendarmes. Se afirma que su misión es proteger los ciclos productivos, pero ¿qué significa eso en la práctica? ¿Patrullar los caminos y carreteras para evitar el robo de mercancías? No, para eso está (se supone) la División de Seguridad Regional de la propia PF ¿Investigar casos de extorsión y secuestro? Para eso existen, las divisiones de investigación e inteligencia ¿Resguardar infraestructura estratégica, como gasoductos? Esa es la misión del Servicio de Protección Federal ¿Combatir frontalmente a la delincuencia organizada? Allí entran las Fuerzas Federales de Apoyo. Entonces, ¿qué va a hacer en concreto la Gendarmería? Misterio.

6. Por bueno que sea el desempeño de la Gendarmería, resulta demasiado pequeña para modificar la ecuación de seguridad en el país. Los verdaderos retos de transformación policial están en los estados y municipios. Y en esa materia, salvo algunos esfuerzos aislados, no hay política ni proyecto ni estrategia.

En resumen, bienvenida la Gendarmería, pero más bienvenida sería si viniera acompañada de una iniciativa seria de reforma policial. Es bueno tener una buena división, es mejor tener buenas policías.

Twitter: @ahope71