Opinión

Gendarmería y federalismo

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Por: Jesús Reyes Heroles

El gobierno del presidente Peña Nieto se ha caracterizado por impulsar políticas públicas razonablemente bien fundadas, en buena medida como antecedente de las reformas estructurales. Destacan tres importantes omisiones: seguridad, corrupción, y federalismo.

La presentación de la llamada Gendarmería reafirma la carencia de una visión integral y coherente de la acción pública en materia de seguridad. Ratifica el enfoque "centralista" del gobierno para solucionar la criminalidad y la violencia, esto es, una estrategia no sólo encabezada sino también ejecutada de manera preponderante por el gobierno federal, con apoyo sólo marginal de estados y municipios.

La nueva corporación policiaca federal tiene como propósito incidir en actos delictivos que afecten "cadenas productivas", que siempre suceden en ámbitos locales. La concepción implícita es que, sumando otra corporación federal al Ejército, la Marina, y la Policía Federal, podrán disminuirse la extorsión, el secuestro, narcomenudeo, robo de combustibles, asalto, y robo de vehículos; todos delitos que se dan esparcidos en el territorio nacional, pero siempre insertos en una dimensión estatal y municipal.

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Esa visión "centralista" se corresponde con la falta de avance en la modernización de los cuerpos policiacos estatales y municipales. En México, después de la Secretaría de la Defensa Nacional (210 mil elementos), los cuerpos más numerosos son las policías municipales (178 mil), seguidas de las estatales (99 mil), y luego de la policía en el Distrito Federal (79 mil). Si bien los policías estatales y municipales parecen muchos, en realidad no lo son. En 2012 el promedio nacional fue 2.8 elementos por mil habitantes, inferior al de otros países y claramente insuficiente (sin considerar su calidad y honradez) dada la situación de inseguridad y violencia que priva en México. Además, existen diferencias sustanciales entre entidades federativas. Por ejemplo, en Coahuila y Tamaulipas hay 1.2 y 1.4 policías por cada mil habitantes, mientras que en Oaxaca 5.6, y en el Distrito Federal 8.9. Debe subrayarse que el sueldo mensual promedio de un policía estatal es $9,250, y el de uno municipal $7,200.

La falta de una estrategia nacional de seguridad que se centre en la mejora y fortalecimiento efectivo y acelerado de las policías estatales y municipales ha sido señalada reiteradamente desde la administración anterior, y también durante ésta. Sin embargo, no ha habido respuesta articulada de los tres ámbitos de gobierno.

Quizá eso explique el frío recibimiento que la opinión pública y las organizaciones ciudadanas dieron a la Gendarmería. Entre los primeros en reaccionar fueron los "invitados permanentes de la sociedad civil" al Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP). Con claridad señalaron que "el foco y la prioridad es (debería ser) cómo fortalecer a las policías estatales y locales porque son éstas las que van a resolver los problemas de seguridad". Por tanto, abundaron acerca de la necesidad de fortalecer la "Comisión Especial de Desarrollo Policial", que a propuesta suya fue constituida apenas el viernes pasado, mismo día que se presentó la Gendarmería.

Si bien no debe soslayarse el esfuerzo y costo asociados a la creación de la Gendarmería (de 130 mil candidatos sólo 5 mil fueron adecuados), persiste la pregunta de si una solución estructural, y por tanto preferible, no sería destinar esos recursos y esfuerzos a un sistema policial "descentralizado", más eficaz y consistente con las características y organización política federal de México.

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La estrategia seguida hasta ahora introduce un incentivo perverso. Resulta cómodo para estados y municipios que el Gobierno Federal aumente sus efectivos para hacerse cargo de cada vez más delitos en cada vez más localidades, lo que les permite eludir su responsabilidad. Además, como los recursos federales no alcanzan, se recurre a "invasiones" esporádicas de entidades federativas por parte de fuerzas federales. Ésa no es una solución permanente, como lo demuestran el "Michoacanazo" del sexenio anterior y los reiterados operativos en poblaciones fronterizas y en Tamaulipas.

Adoptar una visión y estrategia genuinamente federalista es indispensable para mejorar la eficacia al gobernar México, no sólo en materia de seguridad, sino también en lo fiscal, educación, y salud, entre otros.

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