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Gente como uno

Los mexicanos siempre necesitamos fondos extrasalariales para realizar el sueño de ser lo que queremos ser. Vivir con modestia, con lo que ganamos, es para los mediocres. Hay que vivir y gastar en grande. Y para ello nos endeudamos, para ser más. Tan antiguos como el oficio más antiguo y quizás hasta originadores de las hetairas, los prestamistas, hoy llamados banqueros, se beneficiaron desde el primer momento histórico con el afán humano de gastar más.

Hoy todos somos más de lo que somos gracias al crédito y a sus hijas, las tarjetas de crédito. Todos nos endeudamos al máximo posible, soñando, onanes que somos, que las deudas contraídas nos permitirán ganar para pagarlas. Como el adicto al juego, nos hacemos tontos y juramos que la siguiente apuesta, de monto prestado, nos sacará de la trampa y nos dejará ser ricos.

El gobierno, aquí, allá y donde sea, está formado por gente como uno. Con más razón en un sistema tan poco confiable como la democracia, en la que los tontos endeudados elegimos para gobernarnos a otros tontos endeudados que endeudarán al aparato público, deslumbrados por el espejismo de que la deuda pública, igual que la privada, se pagará sola o mediante un milagro redentor de adeudos impagables.

No deben asombrarnos las "novedosas" deudas del gobierno estatal, como no nos asombran las tontas deudas que usted y yo firmamos. Tonta es la novedad de que podemos pagar a plazos sin intereses, a través de una tarjeta de crédito bancaria, una deuda a una mueblería o a una promotora de viajes o a una funeraria. En algún lado del proceso, el dinero adeudado subirá de precio y usted pagará intereses y, si no paga, acabará demandado y pagando finalmente con gastos procesales agregados.

Es tonto pensar que hay créditos gratuitos, si los otorgan banqueros. Lo mismo pasa con todas esas "novedades" financieras tan en boga actualmente en nuestro Estado, presentadas como ingeniosos mecanismos sin cargo para el erario, pero que terminan convirtiéndose en deuda de largo plazo. La moda más reciente, publicó ayer El Norte, es la aplicación de la Asociación Público Privada (APP).

Otros esquemas aplicados han sido la bursatilización de ingresos y los bonos cupón cero, deuda que el Gobierno alegó que no afectaba al estado. Pero las calificadoras dieran notas negativas a la administración estatal por su elevado monto de endeudamiento, indica la nota.

En el caso de los bonos cupón cero, fueron aplicados por el Estado en el 2011 y 2012 para contraer deuda por más de 8 mil millones de pesos para la reconstrucción por daños del huracán "Alex", y para proyectos de obra y seguridad.

La nota de El Norte señala que el estado pagaría los intereses durante 20 años y la Federación cubriría el capital, por lo que el gobierno afirmó que era un esquema blando y no se consideraba un pasivo. Pero, en julio del año pasado, el Estado trasladó 7 mil 300 millones de pesos a deuda de largo plazo, presionado por los compromisos anuales de pago.

Actualmente, para financiar proyectos estatales y municipales se utilizan las APP, una colaboración entre un ente de gobierno y un inversionista privado para concretar alguna obra o servicio.

Según expertos, señala la nota, estos esquemas son usados para esconder deuda costosa. El Estado utilizó una APP para construir la Torre Administrativa, por la que pagará 2 mil 607 millones de pesos en 24 años y 10 meses. Se dijo que la obra no costaría al erario, pero la autoridad erogó unos mil millones de pesos adicionales en el edificio entregado con cuatro años de retraso.

Los gobernantes, igual que los ciudadanos, no gastan para vivir, sino que viven para gastar y, a través de ello, ser más, lo que creen lograr haciendo más a crédito, usualmente impagable o esclavizante, como las tarjetas de crédito o los préstamos que enajenan los productos públicos de las siguientes décadas y hasta siglos.

Igual que lo hacemos usted y yo, mi querido y endeudado vecino. ¿De qué nos sorprendemos con la suicida necedad de los gobernantes? Los creamos a nuestra imagen y semejanza. Nos ahogaremos con ellos si no dejan y dejamos de firmar.

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