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Opinión

8 de marzo, mucho más que un día para conmemorar la lucha de las mujeres

DEVERAS

Por GERARDO VARGAS LANDEROS

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El pasado lunes, 8 de marzo, tuve el honor de ser invitado por la organización Mujeres por la Transformación, a su evento para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Estando ahí me sentí muy orgulloso de estas mujeres guerreras del día a día que en su diversidad en cuanto a profesiones, actividades y creencias se dan tiempo diario para demostrar todos los días que son más que capaces en sus habilidades de trabajo, inteligencia, honestidad y esfuerzo para alcanzar un entorno de igualdad y equidad con respecto al sexo masculino.

En este sentido, considero que somos nosotros, los hombres, los que debemos asumir el compromiso, de frente a las mujeres, para juntos conformar una sociedad igualitaria y equitativa que no sólo de igualdad de oportunidades para trabajar, independientemente del género, sino para que la equidad se dé de manera transversal, es decir, no sólo en cuanto al acceso a los puestos de elección popular, donde se ha avanzado con la obligatoriedad de que sean postulados 50 por ciento mujeres y 50 por ciento hombres, sino también en el servicio público para primeros niveles y en la iniciativa privada, dónde los salarios deben ser iguales por trabajos iguales y dejar atrás la penosa situación que se sigue dando, donde los hombres tienen salarios más altos que las mujeres aunque desempeñen las mismas actividades y muchas veces mejor.

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Es decir, debemos ir avanzando hacia en estado de cosas donde no se requieran las cuotas de género sino que las cosas sean decididas por las capacidades y aptitudes de cada persona, sin etiquetas, estereotipos o estigmas.

Asimismo, tengo tiempo de trabajar de cerca con las instituciones que buscan mejores condiciones para las mujeres, no sólo de manera asistencialista sino como política pública de equidad que busca cambios reales en cuanto a la perspectiva de género y también con aquellos organismos que se enfrentan al peor lado de la desigualdad y que es la violencia que muchas mujeres siguen recibiendo por el sólo hecho de ser mujeres y por esto estoy consciente de la imperiosa necesidad de trabajar para que esto ya no suceda.

Tuve la fortuna de tener como madre a una mujer que siempre nos dio ejemplo de solidaridad y trabajo, de haberme casado con una mujer que me complementa y que no sólo ha sabido mantener unida a mi familia sino que en mis ausencias por trabajo, ha sabido seguir siendo ejemplo de esfuerzo, inteligencia y tenacidad.

Tengo hermanas muy trabajadoras y echadas para adelante y mis hijas son ejemplo de independencia y esfuerzo.

Quiero decir con esto que, no podemos ver el fenómeno de la violencia contra las mujeres como hechos ajenos pues, cada mujer que es lastimada por el sólo hecho de serlo podría ser nuestra madre, hermana, esposa, hija, nieta y por eso es que al seno de nuestras familias también nosotros debemos ir sembrando la igualdad, el respeto y la equidad como parte de la cotidianidad.

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Por mi parte, me uno a las mujeres de Culiacán, a quienes vi representadas en toda su diversidad el pasado lunes, no sólo para seguir haciendo visible la necesidad de que las cosas cambien para muchas mujeres sino para efectivamente construir con ellas políticas públicas que nos lleven a ese estado de bienestar donde la equidad es cotidiana y se vuelve parte de nuestra cultura y nuestra sociedad.

Por la verdadera equidad de género, comencemos en Culiacán.

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