Opinión

Ante los aranceles de Estados Unidos: ni desafiantes ni apocados

DEVERAS

Por  GERARDO VARGAS LANDEROS

Por un lado, el presidente Trump retira los aranceles al acero y al aluminio; y por otro lado, establece un draconiano arancel de 17.5 por ciento al tomate, del orden de 35 millones de dólares y 400 mil empleos perdidos, un trancazo al plexo solar de la economía sinaloense y, perdón por personalizar, a mí también me pega como gancho al hígado porque mi padre, Roberto Vargas Ochoa, mejor conocido como el Poby, por muchos y laboriosos años fue un horticultor que produjo y exportó tomates, chiles, calabazas, pepinos, berenjenas, etc., por lo que sé, de primera mano, lo mucho que se esfuerzan los horticultores en esta entidad, que es una de los principales productoras de alimentos del país.

A decisiones políticas irracionales como esta aludió el presidente Adolfo López Mateos cuando en una conferencia de prensa durante una visita oficial en Washington le preguntaron cuál era el problema principal de México, y contestó: Estados Unidos. Enseguida agregó: Pero también es su mayor ventaja comparativa respecto a los demás países, salvo quizá Canadá, en términos de intercambio comercial, tecnológico, cultural, educativo, de migración, etc., que hacen que esos más de 3 mil kilómetros de frontera sean la envidia de muchos países.

Veamos un aspecto de esta vecindad y la interdependencia que implica. El Consejo Nacional de Población maneja la cifra de 24 millones de residentes de origen mexicano en EUA (11 millones de indocumentados), pero algunos expertos demógrafos del Colegio de la Frontera Norte afirman que son más de 36 millones. ¡Más que la población de Venezuela!

Hay, pues, una presencia y una influencia mexicana y latina en general, pero no es factor determinante, no está estructurada y carece de poder de cabildeo (lobbying) en el Congreso norteamericano. Por lo tanto, más vale andar con pies de plomo sin doblar la columna vertebral, en lo que se refiere a esto del toma y daca de los aranceles. China puede ponerse al tú por tú, nosotros no. Solo nos queda tejer muy delgado, una auténtica filigrana diplomática: firme y flexible al mismo tiempo.

Una y otra vez el presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho que la mejor política exterior es la política interior. Un analista interpreta esta frase, relacionándola con lo decisivo que es el apoyo real que logra conseguir un Gobierno de parte de su pueblo, lo que le gana en automático el respeto y consideración de los demás Gobiernos.

Según este analista, lo anterior se aplica hoy a los gobernantes mexicanos debido a los juicios condenatorios expresados por los presidentes Bush padre y Trump acerca de ellos. El primero lanzó opiniones demoledoras referentes a la corrupción. Trump, a su vez, dijo que México es un país  rico que sufre pobreza por culpa de sus políticos ladrones.

Como se ve, pues, el mundo no se deja engañar con imágenes ficticias de grandeza. Sería chusco, si no fuera patético, el presidente que salva a México en la portada de Time. Sin arraigo y proyecto nacional, sin política interna genuina, la proyección internacional es un sueño guajiro.

Sí, cuando enarbola que la mejor política exterior es la interior, tiene toda la razón el presidente AMLO. Habida cuenta de que solo ganando el respaldo entusiasta de un pueblo que lucha por su cuarta transformación histórica es posible concitar el respeto y hasta la admiración de las demás naciones.