Opinión

El nuevo régimen de la 4T necesita una política nueva

DEVERAS

Por  GERARDO VARGAS LANDEROS

La política se basa sobre un hecho: la pluralidad humana. Por lo tanto, la política no puede ser más que democrática, pues es una condición de la existencia y el actuar del hombre, cuando cada quien asume esa pluralidad como una necesidad propia e irrenunciable. El individuo solamente es libre si pisa el terreno de la "polis" y la actúa. La única actividad que pone, realmente, en relación a los hombres es la política, que es entonces esencialmente acción puesta en relación, donde somos libres de crear y pensar.

A un año y medio del triunfo y con la autoridad moral legitimada por un año de mandato fiel a las aspiraciones del pueblo mexicano, el Gobierno de la Cuarta Transformación enfrenta el intrincado problema de consolidar un organismo político permanente y perdurable, que incremente su enorme capital político electoral, lo que no es una tarea sencilla, sino que justamente con esta tarea constructiva se medirá el éxito definitivo de su Gobierno, mismo que se encuentra amenazado por trampas peligrosas, como por ejemplo el manejo del recurso de la violencia para abolir la propia violencia, y serios problemas que pueden dar al traste con las mejores intenciones del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Desde la perspectiva racional de la política como el arte de lo posible, con alternativas diversas, factibilidad financiera sin endeudamiento de obras, servicios y resolución de carencias sociales, con previsión de las consecuencias de toda índole y cuidadosos estudios de costo-beneficio. Por eso las consultas populares previas, una metodología social, con lo que queda estipulado precisamente el hecho de que la democracia es mucho más que una cuestión de eficiencia y mercado.

Queda así de manifiesto que la política es el ámbito decisivo de la existencia humana, el lugar donde los hombres trasparentan sus preferencias, el sitio donde se definen los contenidos que han de orientar a una sociedad. En suma, la política es discurso y acción, es un referente simbólico que se construye teóricamente, y para ello es necesario un andamiaje firme, una bien edificada estructura partidista, compuesta por los cuerpos que sean necesarios, llámense Morena y Redes Sociales Progresistas, etcétera.

Dicho de otro modo, hay que salir a la calle, atreverse a pensar y a perder el miedo, a la hora de exponer nuestras ideas y defender nuestras propuestas.

En otras palabras: tener órganos partidistas de orientación ideológica, es alinearse del lado de la auténtica sociedad civil, de los vibrantes imaginarios colectivos, de las fervientes y progresistas narrativas populares, de los grandes espacios públicos en constante movimiento. El poder solamente se genera comunicando para llegar a consensos acerca de políticas públicas, como la procuración del bienestar social y el combate a la corrupción.

En este escenario, los partidos políticos deben desarrollar su capacidad receptiva para captar las señales que emite la gente y sintetizarlas en propuestas concretas a favor de sus intereses, tal como hizo la 4T, al invertir el efecto regresivo de los impuestos mediante un efecto distribuidor del gasto social y también al asegurar una base de derechos sociales con atención a la niñez, adolescencia y juventud, a sectores vulnerables y a adultos mayores. De ahí proviene su aprobación popular de 68 por ciento a un gobernante, la más elevada en el mundo. Amor con amor se paga.

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